|
Los triplanneros han elegido a Adriano como el emperador romano al que más les hubiera gustado conocer en persona, por delante de un selecto ramillete de mandamases del Imperio. No es mala elección. Publio Elio Adriano (Roma, 76 - Baia, 138) fue un emperador procedente de una familia hispana de Itálica, muy cerca de Sevilla. Originario de la dinastía de los Antoninos, recibió una educación propia de un príncipe bajo la protección del emperador Trajano, ya que quedó huérfano antes de cumplir los diez años. Posteriormente los lazos con Trajano se refrendarían mediante un casamiento con una sobrina del emperador.
Tras ser nombrado gobernador de Panonia Inferior (107), cónsul (109) y gobernador de Siria (116), accedió al trono imperial en extrañas circunstancias: la emperatriz Pompeia Plotina declaró que Trajano lo había adoptado antes de morir. Durante el mandato de Adriano, el Imperio alcanzó la mayor extensión territorial de su historia.
De hecho, no acudió a la capital hasta haber estabilizado el país. Problemas con los insurrectos judíos y en la zona del Danubio lo mantuvieron ocupado un tiempo, durante el que se produjo un complot entre cuatro senadores para sacarlo del poder. A su vuelta, decidió suspender la conquista de Mesopotamia para no desgastar las arcas públicas en más esfuerzos bélicos.
Erigió un prolífico sistema de protectorados que le dio prosperidad al Imperio. Culturalmente, bajo su manto eclosionaron nuevas formas artísticas. El legado de su famosa Villa Adriana en Tívoli supuso el mejor ejemplo de jardín alejandrino de la capital. Otra muestra de su amor a la cultura helena la constituye su relación con Antínoo, un adolescente que conoció en Bitinia cuando éste tenía trece o catorce años. Pero claro, ésa es otra forma de ver la historia...
En su lecho de muerte se escribió un poema a modo de epitafio: Animula, vagula, blandula Hospes comesque corporis Quae nunc abibis in loca Pallidula, rigida, nudula, Nec, ut soles, dabis iocos...
Pequeña alma, blanda, errante Huésped y amiga del cuerpo ¿Dónde morarás ahora pálida, rígida, desnuda incapaz de jugar como antes...?
 |