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Escrito por NOTICIAS Triplannet.com
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China ha sido uno de los países que de forma más vehemente se ha opuesto a adoptar algún tipo de medida realmente efectiva para frenar la escalada contaminadora en la pasada cumbre de Copenhague. Pues bien, quizás la tragedia que está viviendo estos días el gigante asiático pueda hacerle recapacitar sobre la idoneidad del actual sistema de producción. Tras haber colocado una cortina de humo y tratar de tapar las consecuencias de un inmenso vertido de gasoil en dos principales afluentes del río Amarillo, al final las autoridades no han tenido más remedio que aceptar que la cosa es "grave" y que el suministro de agua potable de millones de personas está en peligro.
El viceministro de protección ambiental, Zhang Lijun, ha pedido los máximos esfuerzos para proteger el suministro de agua potable. Lógico, puesto que han sido 150.000 los litros de gasoil vertidos en las aguas de los ríos Chishui y Wei. Una rotura en un oleoducto de la principal petrolera china, China National Petroleum (CNPC), el pasado 30 de diciembre ha tenido la culpa. Se trabaja a destajo en la contención del desastre, pero las aguas fluviales de buena parte de China corren con un kafkiano color rojo.
La provincia de Shaanxi, al noroeste del país, es la principal afectada. El opaco gobierno chino se afana en tratar de demostrar que la situación está bajo control, pero los perversos efectos del gasoil en el otrora río Amarillo (ahora es más rojo que otra cosa) afecta a tramos de río en las vecinas provincias de Shanxi y Henan.
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