| Mi viaje por medio mundo a pedales |
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| Multi-país |
| Escrito por Nathan David Coates |
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Bueno, estaba en Nairobi, pleno corazón de África, con dos años por delante. No tenía nada decidido, así que empecé a rodar, que remedio. Cuando me di cuenta estaba en Kampala, la capital de Uganda, eso me llevó diez días. Era casi el principio y había hecho ¡900 km! Ya animado con el ritmo del pedaleo me planté en Ruanda, un país montañoso que castigó mis gemelos, pero sus paisajes y su gente amabilísima llenaron mi espíritu. Un cambio de aires me situó Tanzania. La gran fauna africana en todo su esplendor me cautivaba en el parque nacional del Serengueti y que mejor para relajarse de tantos kilómetros que la paradisiaca Zanzíbar. Todas las estrechas calles de la vieja Ciudad de Piedra que hablan por sí solas de su rico pasado. Da gusto caminar por allí. El norte me llamaba y tras cruzar Kenia, llegué a Etiopía. Lalibela, el conjunto monástico escavado en la tierra se abría ante mis ojos. Tanta belleza me animó a meterme en Sudán, al que entré por la frontera del norte. Una parte bastante segura, en contraste con el sur, que posiblemente sea la zona más insegura del continente africano. Casi embebidas por el desierto nubio, allí estaban, las pirámides de los faraones negros ante mi soledad viajera. Ya metido en la historia, remonté el río Nilo disfrutando de todo su legado faraónico. Cuando me di cuenta habían pasado cinco meses y estaba en la frontera Jordana. Eso me llevó a descubrir la escondida Petra, tenía la sensación de ser la primera persona en verla, sería todo ese cumulo de sensaciones y visiones que llevo a mis espaldas. Mi rumbo atravesaba Israel con una parada muy especial en la ciudad de las tres grandes religiones, Jerusalén. Mis piernas se sentían estupendas, seguí dirección a Damasco, y tras atravesar Siria llegué a Turquía. Seguí dirección al Mar Negro a donde entré en el Georgia para coger un barco que me llevara hasta Ucrania, para seguir mi camino por Moldavia y continuar por los tres países bálticos (Lituania, Letonia y Estonia). Polonia fue mi destino final, mi novia me esperaba allí. Pero sólo han pasado diez meses, el proyecto sigue. En el año y dos meses que queda será para recorrer Turquía, cruzar Irán aprovechando las temperaturas invernales, evitando el cálido desierto, perderme por la misteriosa India, y envalentonarme con el Himalaya para llegar a China… y perderme por el gigante asiático. Todo concluirá en Saigón cuando trace los casi los tres mil kilómetros de suelo vietnamita. Serán un total de 30.000 km, como vuelta media al mundo. ¡En dos años! Algunos pensarán que hace falta mucho dinero para hacer esto. Pero en los primeros diez meses he realizado acampada libre en más de un 90% de las veces. Cocinando por mí, la comida comprada en supermercados. Atrevido sí, pero tiene que llegar el presupuesto.
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Me encanta el deporte, sobre todo el ciclismo, y también viajar. Si estos factores lo metes en la coctelera y lo aderezas con tener de mucho tiempo libre puede salir un gran plan. Como por ejemplo, una ruta en bicicleta. El encontrar compañero con estas mismas variables no era fácil. Así que sin miedo, hice el equipaje, tome mi querida bicicleta y decidí coger un vuelo a Nairobi, 
