Volar en avión es una experiencia, no crean PDF Imprimir E-mail
Multi-país
Escrito por Juan Carlos Mateos   

Una vista de la Terminal 4 del aeropuerto de BarajasTras salir de Sevilla (España) y con destino Estados Unidos de América, llegué a Madrid. Hasta que yo recuerdo hoy en día, todo fue bien.

En el aeropuerto conocí una chica, creo neoyorkina, tipo 'hippie-pija', con guitarra y todo, que se me presentó. Tuvo un novio sevillano, mucha pena de marchar a su país,  y a la postre algo hipócrita. Pero claro, yo en mi euforia, y mi ignorancia, me pareció ver una hada buena que me resolvería muchos avatares en mi estancia en Manhattan. Todo parecido a la realidad fue mera casualidad. La ‘tipa’ desapareció como por arte de magia. Eso sí, después de haber hecho de azafata personal mío durante el viaje. Cosa que no es de desmerecer.

 



Llegué a una hora temprana, al aeropuerto  de Madrid, claro. Como no había visto uno en mi vida, lo primero que hice fue despertar a mi padre. Llamada telefónica que te crió, y él a resolver problemas. Parece verdaderamente que el destino se estaba construyendo desde aquél momento. Ni corto ni perezoso con la instrucciones en mente pase los bártulos por facturación y embarque rumbo a Nueva York. Si no es por él, creo que todavía estoy esperando en el aeropuerto de Barajas.

El vuelo estuvo bien. Comida, y compañía de la conocida neoyorkina, algún susto a un par de catalanas al despegue, con un comentario del tipo: "...si nos estrellamos ahora, nos matamos todos...jajaja". Imagínense las caras de las pobres muchachas.

El viaje se consumó pleno. Buenos servicios, ningún contratiempo, acompañado en todo momento de las idas y venidas de esta amiga yankee que veía en mí un pequeño osito de peluche o un hermano menor.

Finalmente llegamos a tierras americanas, no recuerdo realmente las vistas que daba la ventanilla, claro, que yo no estaba sentado al lado de la ventanilla, pero un leve recuerdo me viene: edificios muy largos con colores de tonos  técnicos. Es todo lo que pude ver.

Aterrizamos por fin,  la misteriosa chica me dirigió hasta la salida. Ese camino que recorre desde que sale del avión hasta que llega a la puerta principal, pasando por la recogida de las maletas. Allí me encontré al lado de la puerta, en una cabina llamando a mi familia... había llegado. La mujer me dio un teléfono de contacto por si tenía algún problema y desapareció (para siempre).

 

Juan Carlos Mateos

Comentarios (1)Add Comment
0
carles
mayo 17, 2010
Votos: +1
...

impresionante. juan carlos es mi nuevo ídolo

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