Mordor y Tongariro: un paseo por la luna PDF Imprimir E-mail
Nueva Zelanda
Escrito por Ami Navarro   
Caminata al estilo 'El señor de los anillos'

Acabo de estar en un 'hostel', por llamarlo de algún modo, en Wellington (Nueva Zelanda) y tengo que contar algunas cosas. Este país es sorprendente: he pasado por el parque nacional de Tongariro, cerca del Lago Taupo, que es el más extenso de la isla norte. Nuestra idea consistía básicamente en darnos un pequeño lujo y hospedarnos en el 'Bayview Chateau', lo que viene siendo el no va más de la zona. El hotel era igual que el sanatorio que protagoniza “la Montaña Mágica”, con grandes ventanales, un señor tocando el piano, muchos grupos tomando algún trago y unas vistas magnificas de los volcanes que crearon este Parque. Lo clavamos por completo. 

A pesar de que nuestro alojamiento invitaba demasiado a la vida contemplativa, los panfletos informativos sobre actividades a realizar nos sugerían que debíamos realizar otro tipo de acción más típica de la vida en la montaña. La estrella de allí era realizar la ruta del 'Tongariro Crossing' entre los volcanes Tongariro y Ngauruhoe. No nos decidíamos porque no sabíamos si tendríamos cualidades físicas para una travesía de 20 km en un día. Al final le echamos valor. Y os digo, ojo al dato, que cualquier persona que quiera lo puede hacer perfectamente. Os animo.


A las siete de la mañana nos recogió un bus local de uno de los tours que operan en la zona. Seríamos unas 30 personas. A la media hora nos dejaron en el punto de comienzo de la ruta. Lo característico del camino era que se trataba de un paisaje lunar. Toda el área se compone de erupciones que han tenido estos volcanes. Al principio sólo había vegetación arbustiva rodeada de volcanes-montañas, a su vez coronadas con grandes neveros. La mayoría del camino estaba muy preparado para los aventureros y perfectamente indicada con piquetes y mojones. Había tramos  del sendero hechos con maderas, mallas e incluso con el lujazo de escaleras. La primera hora era sin pendiente hasta que llegamos a las escaleras del diablo que fue del “diablo” total subirlas.  Allí me acorde de mi madre y del mundo entero… y pensé 'pero hija, con lo bien que estabas en el Chateau con tu vinito que haces aquí..'. Tardaríamos unos 40 minutos en subir, pasamos de los 1000 m a los 1700 m. Una pesadilla. De allí andamos un poco mas por Marte, entre los cráteres y esperando ver de un momento a otro algún marcianito. Vislumbré entonces otra subida que me aterraba. A ella nos lanzamos, esta vez una hora y media pero con una grata recompensa: el Red Cráter y unos lagos preciosos del color mas turquesa que haya visto en mi vida, eso sí, con un intenso olor a azufre. A mi compañero le entro vértigo y después del trabajazo de subir los 1900 m le pudo la situación. Se puso blanco, le comenzaron a sudar las manos pero en seguida se le pasó (me costó unas mentirijillas del tipo si no esta tan alto y tal…). De allí en adelante, las cuatro horas que teníamos por delante eran cuestión de bajar. He de confesar que me relajé, ya nada podía empeorar…

Por cierto, he de decir que Reino de Mordor en el Señor de los Anillos estaba grabado allí y ahora entiendo por qué.

La segunda parte empezó tras un paradita para una fruta (y algo más) en los lagos dirigiéndonos hacia un refugio que había en mitad del camino. El paisaje cambió, atravesamos el 'Blue Lake', neveros y riachuelos. Comenzamos a bajar por una ladera vestida de un arbustito marrón que a lo lejos me daba la sensación del pelaje de una oruga. Llegamos al refugio en el que encontramos caminantes que iban y venían, tomaban un aperitivo y hacían sus necesidades en un toilet más o menos decente. No estuvimos ni quince minutos y partimos de nuevo. La bajada se empezó a hacer muy pesada, nos dolían los dedillos gordos del pie. De nuevo el paisaje cambió, los arbustos se convirtieron en árboles, surgió un pequeño bosque en el que se filtraban los rayos del sol y hacían brillar la naturaleza. Se empezaron a oír pájaros, aguas que corrían, vida. ¡Habíamos salido de Mordor!.

Lago de color turquesa en Red Cráter, Nueva ZelandaLlegamos al destino a las 2.30, siete horas exactas después, y fuimos de los primeros. Exhaustos pero muy felices. Nunca había hecho un trekking entre volcanes, en un entorno tan singular. Si tuvierais la posibilidad de meteros en un cráter, seguro que también lo haría cualquier que se precie. Por la noche, cena muy merecida y de lujo: pato confitado acompañado de un exquisito vino blanco llamado 'Las Escaleras del Diablo'. Puede valer. Tengo agujetas en todo el cuerpo pero ha merecido muchísimo la pena. Momento diez para los que quieran pasarse por Nueva Zelanda. Palabrita.

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