La carretera de la costa turca junto al mar Negro discurre siempre junto al mar. Una estatua de una amazona en la ciudad de Samsun, recuerda que fue aquí donde estaba el mítico reino de las mujeres guerreras del que hablaban los griegos.
Siguiendo hacía el oriente hay una pequeña localidad junto al mar llamada Bolaman. Aquí es digno de parada por su comida. Especialidad en barbacoas. El mismo restaurante dispone de carnicería, vas allí, eliges el tipo de carne y la cantidad. Un kilo o dos, dependiendo del hambre. Te la preparan en la barbacoa directamente. ¡También te hacen albóndigas! El pan, que por esta zona tiene fama de ser de lo mejor del país acompaño a un gran festín difícil de olvidar.
El objetivo del viaje era llegar a Trabzon, la ciudad más importante del Mar Negro turco. Es una gran ciudad, con una parte nueva y otra vieja. La nueva fue hecha por Atatürk, y es donde me quedé. Calles comerciales, muchas luces y mucho movimiento de personas. Bastante curioso la cantidad de restaurante que vende pollos asados. No había alternativa, comí pollo. Aunque no estaba para tirar cohetes, en cambio sí el arroz que lo acompañaba. También destacan las pastelerías, que pintas tenían las tartas. No soy goloso pero todo estaba más que apetecible. Otra nota curiosa, lo pone el clásico kebab, todos se hacen a fuego de carbón o leña, como se ha hecho desde siempre.
De marcha hay poca, pero al que le guste el fútbol puede disfrutar en una especie de pub irlandés (Şişman Efes Pub) donde ponen la cerveza en recipientes de dos litros y medio, y te vas echando a través de un tirador. Siempre con partidos de fútbol. La otra opción es el ir a Beer Time, que también tienen varias opciones de pantallas y fútbol, pero la iluminación era más deprimente que el anterior. Y es que la gente está loca aquí con el fútbol, sobre todo con su equipo, el Trabzonspor. Aún se recuerda en las calles el partido de ida en el año 90 de la recopa de Europa en el que venció uno a cero al FC Barcelona, al famoso Dream Team de Johan Cruyff . Cuando metió el gol de Hamdi, el estadio se vino abajo.
De monumentos, no me acerqué a ver la parte antigua. Pero me comentaron que es muy bonita. En especial la iglesia de Aya Sofia. Me interesé más por ir a un monasterio a unos cuarenta kilómetros en el interior. Siguiendo una carretera entre montañas con unos paisajes más que espectaculares por la vegetación se llega una Parque Nacional del valle de Altindere. Un riachuelo que cae con fuerza de las montañas acompaña todo el camino. Son excelentes las truchas en este lugar. Pero cuando miras al cielo y ves de repente el monasterio de Sumela, suspendido en una enorme pared de piedra, te quedas boquiabierto, sobre todo en el paraje arbolado en que se encuentra. Sigue el camino subiendo y se disfruta más y más. El coche se deja en el aparcamiento y se sube los últimos metros a pie. Maravillado con el pequeño complejo, todavía me quedaba la sorpresa del interior. Casi una capilla Sixtina pintada en la iglesia metida en la roca. Sencillo y grandioso a la vez. Las vistas desde aquí son excepcionales.
Me alegro de haber conocido esta ciudad a la que pocos turistas que visitan Turquía llegan.