| Mi lección aprendida en Estambul |
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| Turquía |
| Escrito por Iban Martín |
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El verano pasado (2008) decidí darme una vuelta por Estambul, algo que tenía pendiente hacía un tiempo y que no era cuestión de demorar más. Lo que me sucedió un día me ha valido como una buena enseñanza. A ver, estaba con mi amiga Raquel en el barrio de Fatim (donde la mayoría son kurdos). Nada más llegar me impuso un poco el tema burka y ver a todo el personal muy serio mirándonos a Raquel y a mí, que la verdad íbamos con unas pintas muy yankis, sobre todo yo: pantalón corto militar, camiseta, pañuelo en la cabeza en plan pirata y chanclas. Raquel, más de lo mismo pero con pantalones largos. Raquel permanecía todo el rato detrás mía y se quedaba muy callada. La situación la verdad es que imponía, y más a una mujer, sobre todo en esos países de los que puedes leer cosas que te inquietan. Sin embargo, de un momento a otro pasamos del "acojone" o respeto a hacernos dueños de la situación: no solamente hablamos con los kurdos e incluso bromeamos con ellos (mezclando inglés y mímica...), sino que una niña de apenas 14 años le enseñó a ponerse el velo a Raquel con fotos incluidas, muy agradables la verdad...Al salir del barrio llegó lo mejor: un imán nos llamó extrañado por lo que hacíamos por allí. Se lo explicamos a él y a todos los que estaban alrededor, éramos el centro de atención; le dijimos que nos atraía tanto su cultura como su religión e incluso que queríamos leer el Corán. Fue una de las mejores tardes de mi vida, al final nos invitó a té y dirigiéndose a Raquel como una persona más nos sentimos más que cómodos.
Cuando ya nos íbamos me regaló el rosario que habia usado en la oración de la mezquita una hora antes. Impresionante.
La lectura de esta anécdota es sencilla: en el mundo que vivimos muchas veces no hay que hacer tanto caso a lo que dicen, o cómo visten, o que religión tienen, sino conocerlo de primera mano.
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