| La versión turca de Piedradura |
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| Turquía |
| Escrito por David Navarro |
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Como campamento base elegí la ciudad de Göreme. Impresionante ver toda esa mezcla entre rocas, con forma de cucurucho, y casas. Un paisaje de cuento de hadas. La mayoría de los alojamientos ofrecidos son en cuevas y con unas terrazas con vistas alucinantes. A pesar de estar plagado de turistas, son muchos los habitantes que siguen una forma de vida tradicional. Con sus gallineros y burros en sus cuevas. Todo un gran contraste para ser un epicentro de viajeros.
Muy cerca del pueblo se haya el museo al aire libre de Göreme. Un paseo de unos dos kilómetros que con mucho calor puede castigar las piernas. Allí hay multitud de iglesias escavadas en la roca. Realmente son pequeñas capillas, eso sí, algunas con muy buenos frescos. También se ven habitaciones y comedores. El problema es que hay demasiados turistas para puertas tan pequeñas que fácilmente quedan colapsadas. A veces es inevitable la sensación de agobio. Es recomendable verlo a primera hora de la mañana, y entrar el primero si es posible para evitar toda la horda de guiris. Muy cerca de Göreme, está la ciudad de Uçhisar, con una gran colina cueva que sobresale, sencillamente espectacular. Un poco más adelante, el valle de las palomas. Llamado así, porque los orificios que hay en la roca le dan aspecto de un palomar gigante. Pero la imagen típica de la Capadocia no la encontramos entre Çavusin y Zelve con las misteriosas formaciones rocosas de las Chimeneas de las Hadas. Rocas piramidales con gorro cónico. Asombroso, más sacado de una fábula que de la realidad.
Para cenar, Göreme me descubrió un sitio fantástico. Por azar, escuché a dos turistas que repetían entre ellos sobre la maravillosa comida del lugar. El punto es Nazar Börek Gözleme. Afortunadamente tenían mucha razón, la pitanza era fantástica. Unas alitas de pollo deliciosas y un camarero alocado que hacía risas con sus gesticulaciones. Para la sobremesa trajeron un Rakki, el licor turco por excelencias amenizadas por unas canciones típicas que nos deleitaron entre el sirviente, el cocinero y un chaval que tocaba el tambor. Salimos con el punto justo para ir al bar más moda, The Flintstone (Los Picapiedras). Allí se reúnen los extranjeros y algunos autóctonos para tomar y bailar. Con la marcha que trajimos y unidos a otros foráneos sin duda quemamos la noche de Göreme hasta altas horas de la madrugada.
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Comentarios (2)
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La
A poca distancia se haya Zelve, una zona que es recorrida por los globos que parten al amanecer por unos 150 euros. Lo perdoné, a pesar de que todo el mundo dice que merece mucho la pena. Existe la opción de recorrerlo a pié, pero también la descarto, por si vuelvo poder verlo desde el globo. 
