| El cementerio dictatorial de Bucarest |
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| Rumania |
| Escrito por José Enrique Díaz |
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En los años que siguieron a la caída del dictador, sólo los privilegiados podían permitirse una caja de madera, por lo que muchos depositaban a sus muertos directamente en la tierra. De hecho se vendían los ataúdes en la misma puerta del cementerio porque muchas familias traían los cadáveres por sus propios medios al no poder pagar el transporte.
Me dice un paseante que él era malo, ella peor y juntos detestables, por lo que, incluso muertos, se decidió alejarlos por si acaso. También se rumorea que los enterraron boca abajo como último insulto.
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