| Clapham: de marcha por el Caribe londinense |
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| Reino Unido |
| Escrito por David Navarro |
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Clapham es un distrito tradicionalmente habitado por caribeños, que ahora rebosa de vida nocturna. Se llega fácilmente con el metro (estación de Clapham North). Y no tiene pérdida, giras a la izquierda y está Clapham High Street, la calle principal, y en ambos lados se sitúan los locales nocturnos. Lo primero fue buscar algo para cenar. La elección fue ir al Revolution Bar, una cadena británica que tiene otros cinco establecimientos por la ciudad y que ofrece básicamente comida italiana y combinados de vodka, ¡hasta noventa diferentes! Desde luego, es una gran idea, y su ambiente lo demuestra. Muchísima gente guapa comiendo y bebiendo a ritmo de la mejor música house. Entre las opciones de beber más populares está la tabla de chupitos, con doce chupitos diferentes, pero todos siempre con vodka. Tras una tabla de estas, el ambiente aumenta por minutos. Tras la cena que fue en la primera planta bajamos a la planta baja, donde poco a poco se llenó de gente bailando. Nuestra opción fue pedirnos una jarra de Rasputín (vodka con granadina y Martini ¿creo?), que era algo más económico y duradero que los chupitos. Había que seguir descubriendo la noche y llegamos al Cafe Sol. Ambientazo, lo mejor, es que no hay que pagar en la mayoría de los locales de la calle. Algo muy importante en Londres. Además el precio de las copas acompaña. Allí vimos morir el ambiente del local, pero estaba muy bien cuando llegamos, aunque era para haber llegado una hora y media antes. Todo el mundo se iba para Infernos Nightclub y además nos lo recomendaban.Había ganas de tomarse la última copa, pero no de pagar para matar la noche en Inferno, así que llegamos al 64th & Social. Ya de gente más pasada de copas, que era lo normal por las horas. Allí duramos el tiempo de beber un vodka con naranja. A la vuelta, usamos el autobús que teóricamente funciona toda la noche. Pero para nuestra mala suerte, nos pasamos más de una hora esperando nuestro autobús, y es que pasaba todos los números menos el nuestro. Cuando por fin llegó nuestro transporte nos contó el conductor que hubo un par de incidencias, en un autobús vomitaron y tuvieron que retirarlo para limpiarlo; y el otro se había averiado. Ya montados, camino de casa, se montó un tío bastante zumbado con un botellín de cerveza y el chófer paró el motor y las luces para que se bajara. El personaje no paró de gritar mientras algunos pasajeros animaban al conductor a arrancar. Así que parados mientras se tomaba la cerveza el individuo, quiso dar más emoción y se puso a fumarse un porro. Una vez concluida lanzó el botellín contra el suelo y por fin arrancamos, a la siguiente parada se bajó…imagino por miedo que llegara la policía. Pero en definitiva, me alegro de haber descubierto este barrio para salir, a pesar de las más de dos horas para regresar a casa con el frío de Londres en el mes de enero.
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