Oficina Nacional de Turismo de Escocia

El tráfico de Londres me la juega.... 2000 kilómetros después PDF Imprimir E-mail
Reino Unido
Escrito por Ignacio Díaz Pérez   

El viajero descansa junto al Big BenYo quería llegar hasta la misma Leicester Square, muy cerca del Apolo de Piccadilly Circus, detrás justo de la National Gallery, Trafalgar Square y la gran avenida de Whitehall, que te lleva directamente a Westminster Abbey, el Parlamento y el Big Ben, y a sólo unos cientos de metros del Covent Garden. Ésa había sido mi intención, como digo, pero al final no pudo ser... pero casi. Me ví forzado a dejar la moto un poco más cerca de Covent Garden y un poco más lejos de Leicester Square y todos los demás sitios por los que quería volver a pasear en esta ocasión. No era problema. Aún tengo buenas piernas. Yo ya había estado en Londres varias veces, es una ciudad que me encanta, pero el objetivo, en esta ocasión y como ya he dicho en varias ocasiones, no era ir a Londres, sino llegar en moto hasta el mismo corazón del imperio. Y eso sí que lo conseguí.

Admito que no sin grandes esfuerzos, la ayuda del GPS y algo de fortuna. Ya digo que trataba de llegar hasta Leicester Square cuando de repente me vi ante el frontón mismo del British Museum. No está muy lejos del que yo había marcado como mi destino, es cierto, pero no me había planteado llegar hasta allí. Al final pude dejar la moto, en medio de esta caótica, para el tráfico, ciudad, en un pequeño aparcamiento "only motorcycles" en Parker Street, muy cerca de la zona por la que había pretendido moverme. No estaba mal, pensaba. Me sentía satisfecho. Claro que eso era, seguramente, porque aún no había llegado el momento de emprender el camino de vuelta...

Los GPS son una gran ayuda, incluso en una ciudad tan difícil para la conducción como Londres. A lo mejor te hacen dar un gran rodeo, pero siempre te sacan del apuro. Siempre, claro, que no se te haya ocurrido la feliz idea de apagarlo al dejar aparcada la moto en pleno centro de Londres. En esa ciudad, de verdad lo digo, no hay forma posible de localizar los satélites que te guíen hasta la salida si enciendes el aparato en pleno centro, lleno de edificios, tráfico, gente... Yo no los localicé hasta pasada una hora y media al menos, tal vez dos, desde que decidiera montarme de nuevo en mi Drag Star camino de casa de mi hermano 70 millas más al norte, con el que había quedado para cenar. Acababa de entrar en la autopista cuando la tecnología vino en mi ayuda. Pero no había llegado en ese momento hasta allí gracias a ella, sino a dos gallegos y motoristas que trabajan en la embajada española en Londres y con los que tuve la suerte de toparme, más o menos en Hyde Park, cuando intentaba salir de aquel laberinto.

Uno de ellos, después de parar en una tienda de motos en la que había quedado con su amigo para comprar una manta para el frío londinense específica para sus scooters, me llevó tras él hasta la London Circular, una especie de SE-30, pero a lo bestia. Ya allí pude seguir las indicaciones, hasta que, como digo, por fin el GPS vino en mi ayuda. Hubiera llegado a Ely, estoy seguro, pero siempre te da más seguridad conducir con el GPS operativo.

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