| La inquietante experiencia de Auschwitz |
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| Polonia |
| Escrito por Daniel Pinilla |
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Nosotros cerramos una excursión de un día en el mismo hostal; da tiempo a ver lo fundamental de una tacada. Resultó muy sencillo porque todo el mundo lo oferta, aunque hay que estarse pendiente porque los precios tienen mucha oscilación de unos a otros. Lo realmente inexcusable es ir a conocer Auschwitz, el campo de concentración y exterminio nazi, a unos 60 kilómetros de la ciudad. No hay datos exactos, pero entre esos muros el nazismo asesinó a al menos 1,3 millones de personas, la mayoría judíos y gitanos. La cosa es que uno llega allí y cuesta hacerse cargo de que lo que le están contando sucedió en realidad, parece casi un escenario de cine porque algo tan horrible no entra en cabeza humana. El audiovisual que te ponen a la entrada, con imágenes reales, te pone los pelos de punta. Se pueden visitar pabellones por los que parece no haber pasado el tiempo: despachos donde se 'juzgaba' a los presos, las duchas donde los despiojaban, se pueden ver las camas (¿?) donde dormían y hasta hay una especie de archivo gráfico en el que se observa cuánto lograba sobrevivir la gente. Aparecen las fechas de ingreso y de defunción. En algunos casos, los de ancianos o niños, la cosa no pasa de meses, a veces semanas o días. Lo peor de todo fue ver las celdas de castigo, donde a veces metían a 5,6 o más presos en un espacio ridículo y los obligaban a estar toda la noche de pie (no cabe nadie tumbado ni sentado) unos pegados a otros. Allí mismo debían hacer sus necesidades y era normal tener muchos problemas estomacales con lo poco y nada higiénico que se comía. Después de una noche espantosa, tocaba un día de trabajo extenuante, con sólo algo de sopa aguada, pan rancio y con suerte algo de mantequilla o fiambre. La ropa es un uniforme de tela muy endeble y el día que fui yo hacía casi menos diez grados. Con todo tipo de ropa térmica yo estaba casi congelado. Imaginar cómo malvivía la gente allí me ponía enfermo.
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Aparte de visitar Cracovia, es una auténtica cagada estar en la tierra de Karol Józef Wojtyla (léase Juan Pablo II; por cierto, hay montones de recuerdos por toda la ciudad porque además Polonia es un país muy católico) y no darse una vuelta por lo que allí llaman la 'Cracovia mágica'. Se trata de los alrededores de la ciudad, donde hay un par de puntos de interés que no hay que dejar pasar.
