Cracovia, parada y fonda PDF Imprimir E-mail
Polonia
Escrito por Daniel Pinilla   

Dos chicas de Cracovia caminan por una calle céntricaAntes que nada hay que decir que Cracovia (Polonia) es grande, muy grande. Y no me refiero a su extensión. Resulta realmente difícil que no quede uno satisfecho de la visita a una ciudad tan bonita y divertida. Hay mucho que conocer en todos los sentidos y demás, que diría el famoso locutor de radio. Una visita a cracow-life.com no está de más.

De un lado está lo que es la ciudad, sorprendente por su belleza, sus proporciones y sobre todo porque no está en las rutas habituales de ciudades emblemáticas del centro de Europa, aunque con el paso del tiempo seguro que se acaba masificando.

Agarrar la calle Florianska (todo quisqui en Cracovia sabe dónde está) desde la puerta de la muralla, echar un vistazo a los cuadros de los artistas callejeros y darse un paseo hasta la plaza principal es un gustazo. Todas las calles transversales están trufadas de garitos que esconden más vida de lo que parecen. La mayoría requieren bajar unas escaleras porque abajo es donde está el meollo de verdad.

Nosotros llegamos a Cracovia el mismo día de fin de año. Ciudad en ebullición. Hay que darse prisa para organizar la noche porque se cena pronto y es recomendable reservar con tiempo entradas en alguna fiesta porque suelen llenarse más de la cuenta. Nosotros hicimos los deberes desde pronto. Nos alojamos en uno de las decenas de buenos hostales con los que cuenta la ciudad, el 'Good bye Lenin hostel', por aquello de la peli. A media tarde ya había que ir cenando y nos fuimos a Kazimierz, el antiguo gueto judío, donde por cierto se grabó buena parte de 'La lista de Schindler'. Hay una buena variedad de sopas y hay que darles una oportunidad.

Supuestamente no se puede beber en la calle, pero se hace la vista gorda cuando se acerca la medianoche y la gente se agolpa en la plaza del reloj. Nos lo pasamos de miedo y afortunadamente no hubo ningún metepatas y no se produjeron peleas ni nada. Menos mal. Eso sí, acabamos chorreando de champán barato porque hay quien se pone en plan 'hooligan' a hacer el ganso. La ocasión acompaña, está claro.

A partir de ahí la noche se disparó. Cada uno hizo la batalla por su cuenta y hay muchas trincheras, de verdad, porque los pubs cierran al amanecer. A la gente le cabe tela. Con un poco de habilidad se puede meter el factor petaca en los bares y economizar con las copas, que son pequeñas y con poco hielo.

Daniel Pinilla

 

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