| El baluarte eslavo frente a los otomanos |
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| Montenegro |
| Escrito por Daniel Pinilla |
Enclavada en un verde valle rodeada de montañas, más o menos a medio camino del puerto de Budva y la capital Podgorica, se encuentra una joya levantada a la medida del hombre. Se trata de Cetinje, un pequeña ciudad montenegrina que no alcanza los 20.000 habitantes pero que destila historia y señorío por los cuatro costado. Para los habitantes del país se trata del ojito derecho del legado de los grandes tiempos de Montenegro. No en vano Cetinje se convirtió siglos atrás en el bastión eslavo en la lucha contra los conquistadores otomanos. De alguna manera hay trazada una frontera norte-sur que delimita el alcance de la influencia turca. Eso se puede comprobar en la arquitectura, la forma de vestir de la gente e incluso en la cocina. Cetinje es una pequeña población con aires merecidos de grandeza. Sus antiguas legaciones diplomáticas, por las que ejerció de capital durante un tiempo, se han reconvertido en imponentes museos y teatros. La vida cultural de una ciudad tan pequeña es impresionante. Da la sensación de estar paseando por una gran urbe, aunque el paseo dura unas pocas calles. Por cierto, gran parte del pueblo es peatonal, algo más que agradable. Una buena opción es visitar el Museo Nacional, aunque la traducción al inglés deja bastante que desear. También es de obligado cumplimiento acudir al Convento Ortodoxo situado en un flanco del casco urbano e interesarse por los tés, jabones y aceites curativos y artesanales que fabrican los monjes. Resulta casi imposible no comprar algo en una atmósfera tan solemne. En cuanto a la dieta, lo suyo es comer queso y jamón ahumado, lo más celebrado de la región. El restaurante Kole es un buen lugar para probar. A la hora de pernoctar no hay una gran oferta hotelera, ésa es la verdad. El hotel Sport Inn es una opción correcta. Da casi igual donde se duerma, todo tiene buen aspecto y demuestra que aunque tiempos pasados fueran mejores no hay por qué caer en la decrepitud.Daniel Pinilla
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Enclavada en un verde valle rodeada de montañas, más o menos a medio camino del puerto de Budva y la capital Podgorica, se encuentra una joya levantada a la medida del hombre. Se trata de
También es de obligado cumplimiento acudir al Convento Ortodoxo situado en un flanco del casco urbano e interesarse por los tés, jabones y aceites curativos y artesanales que fabrican los monjes. Resulta casi imposible no comprar algo en una atmósfera tan solemne. En cuanto a la dieta, lo suyo es comer queso y jamón ahumado, lo más celebrado de la región. El 
