Chisinau descansa de día para vivir de noche PDF Imprimir E-mail
Moldavia
Escrito por David Navarro   
El príncipe Esteban el Grande es el héroe nacionalChisinau, la capital moldava, extraña a su llegada. Realmente tan sosegada a primera vista, da la imagen de ser más pueblo que ciudad. Todo está casi en silencio, poquísima gente en la calle. A veces la primera impresión es la que cuenta. Pero eso había que contrastarlo. Ya que estaba aún en un barrio algo periférico.
 
Así que me trasladé al centro, donde mi amigo húngaro, Andras, como siempre muy hospitalario, me cedió su apartamento como base para conocer la urbe. Todo seguía igual, tranquilísimo. Poco tráfico y pocos peatones por las vías públicas. Todas las circunstancias de calma invitaban al paseo. En unos diez o quince minutos se llega a la arteria principal de la ciudad, la avenida Stefan cel Mare. Parece que hay algo más de vida, en cuanto a personas, pero el silencio sigue siendo predominante. Aquí están las grandes cadenas internacionales como McDonald’s y otros. Pero un mercado muy curioso se halla en el acerado, una hilera de puestos ambulantes que venden miel. Lo peculiar es que todo está lleno de abejas. Siempre que he visto una abeja en mi vida la miras con recelo, porque puede picar, pero al haber tantas, y tan obstinadas por la miel, no le prestas ninguna o ‘casi ninguna’ atención.

Tras los puestos de miel está la catedral, en medio de un parque. También es bonito un arco del triunfo. Un poquito más adelante está la estatua del protagonista de la avenida Stefan del Mare, que da entrada a un bonito parque con su nombre. Un buen homenaje a aquel príncipe conocido como Esteban el Grande, que a caballo entre el siglo XV y XVI supo mantener la independencia moldava ante los poderosos imperios como el húngaro, el polaco y sobre todo el otomano. Hay otro parque al que es interesante acercarse y que contiene  monumentos soviéticos de la segunda guerra mundial, sobrecogedora con su llama eterna dedicada al soldado desconocido.

La miel es muy famosa en la capital moldavaPero Chisinau destaca por su vino y su vida nocturna. Primero había que coger fuerza, y para ello el restaurante de comida Uzbeca, Caravan, sirvió a base de contundentes platos de muy buen sabor. Es un lugar tan agradable como bien decorado, algunas mesas son casi tiendas nómadas. Allí me recomendaron para continuar el Deja Vu. Una escalera hacía abajo y metido en un sótano. Pero con porteros que controlaban arriba y abajo. Era un local pequeño pero con muy buen ambiente. Camareros y clientes se subían en la barra a bailar. Espectáculos de gogos y equilibristas. Chupitos con beso en la boca por parte del camarero o camarera, dependiendo el sexo del que pida. Todo prometía. Allí conocí a un español y a un moldavo afincado en España. Me dijeron que a las tres de la mañana era cuando todo el mundo venía ahí de marcha. Así que aguanté el tirón a pesar de que a las dos se había quedado casi vacío. Llegaron las tres y cuarto y cerraban el bar… Me la habían jugado los de casa. Mal arreglo tenía la noche con el ambiente que había al principio.

Me ha causado muy buena impresión la ciudad y su gente. Todos muy divertidos. Aunque se deja ver esa polaridad que tienen entre sus raíces rumanas y su huella rusa. Escuché en la calle hablar más ruso que rumano moldavo, aunque los letreros de comercios, cartas de restaurantes, y demás estaban escritos en rumano moldavo.

Un arco del triunfo destaca en la Av. Stefan cel MareDavid Navarro

Comentarios (1)Add Comment
0
fidel
mayo 21, 2010
Votos: +1
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muy divertida la historia.tomo nota. felicidades

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