| El tiempo se detuvo en Malvasía hace 600 años |
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| Grecia |
| Escrito por David Navarro |
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Empezaré por Mistra, dada la importancia que tuvo. Fue la última ciudad que resistió del imperio bizantino frente al imperio otomano. Se encuentra situada muy cerca de la famosa Esparta, aunque ahora es un pueblecito sin resto arqueológicos de 15.000 habitantes. No me dio tiempo si el espíritu espartano sigue en pie. Mistra está en una escarpada montaña, aquí Pletón fundó una escuela de filosofía humanística y se restablecieron las enseñanzas platónicas y pitagóricas lo que atrajo a intelectuales de todos los rincones del imperio bizantino, pero tras la conquista otomana los discípulos de Pletón se fueron a Roma y Florencia contribuyendo con el renacimiento italiano. Los venecianos ocuparon la ciudad en el s. SXVII, haciéndola florecer, pero a partir del s.XVIII todo fue declive desde que los turcos la volvieron a conquistar. Primero la quemaron los rusos, luego los albaneses y por último lo que quedó, lo quemó el egipcio Ibrahim Bajá. La UNESCO, la declaró patrimonio de la humanidad y ahora están haciendo trabajos importantes de reconstrucción. Ver la imagen de la ciudad en la montaña con sus iglesias y pasear por sus calles te hace sentir todo el esplendor de la ciudad. No muy lejos de aquí, está el otro gran reducto bizantino en un peñón junto al mar, Monemvasia. Era el auténtico centro comercial de la época, al igual que el espiritual se llevaba Mistra. Realmente, la ciudad está en una isla, ya que un terremoto separó al peñón de la tierra firme. Pero la pequeña distancia la une un puente, una vez que se cruza, y se rodeas el peñón te encuentras la puerta de entrada de la ciudad, la antigua ‘Malvasía’. Su nombre antiguo sirve para hace honor a un exquisito vino de la zona afamado en el mundo entero.
Es un sitio que tengo que volver si o si, ya que es un sitio con demasiado encanto.
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A la ciudad sólo es posible entrar andando. Un túnel que gira a la izquierda tras atravesar la puerta, te introduce al interior de la muralla. Es increíble, las casas de piedra y las calles laberínticas y estrechas, todo es tan auténtico. ¡Parece que todo está igual que hace 600 años! Sólo las tiendas de suvenir te recuerdan que estamos en el Siglo XXI. Pero hoy día es un sitio para románticos y sus bares y restaurantes rebosan de vida, ¡me encanta este lugar! La gente es amable, abierta, simpática… Y la comida excelente. Una escalera te lleva hasta la fortaleza, en la cima de la montaña, donde puedes contemplar como el mar rodea la pequeña ciudad mientras recorres los restos de la ciudadela. Subiendo vi incluso un zorro. 
