| La aventura de comer bien en Atenas |
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| Grecia |
| Escrito por David Navarro |
Vale que se pueden hacer más cosas, pero qué mejor forma de pasar el tiempo en Atenas que dedicarlo a ver monumentos. Nosotros empezamos por la Acrópolis, de visita obligada. Me desilusionó un poco: está hecha una auténtica ruina. Aunque hay un rayo de esperanza: los numerosos andamios y la creación de un museo parece indicar que en unos años todo este complejo conseguirá tener otro aspecto. Pero el conjunto merece muchísimo la pena; destaco el teatro de Herodes Ático, muy bien conservado y que sigue ofreciendo obras cuando el tiempo lo permite. Y las vistas desde arriba son increíbles, es lo mejor sin duda. Nuestra estancia en la capital griega no estuvo salpicada de buenos placeres gastronómicos. No me parece que sea fácil acertar. Tras la Acrópolis nos dio por pasarnos por una especie de bar de bocadillos muy extendido por todo el país. La cosa es así: un pan de hamburguesa con sésamo por encima y forma de pan chapata. Los ingredientes puestos en la vitrina abren la imaginación para crear el bocadillo y luego lo calientan en un grill. De acuerdo, quita el hambre pero que no me cuenten milongas: no se sale.
Por la noche fuimos a cenar a la taberna 'Tou Psiri', un sitio que me habían recomendado. Es un lugar de comidas caseras, todos los platos están hechos en el mismo día y las mejores elecciones van desapareciendo de la carta con rapidez (preparan cantidades fijas para no generar excedentes) por lo que se recomienda ir temprano para poder elegir. Coincidimos con una comida de compromiso de boda con los cuales acabamos bailando y brindando con ouzo por Vassili Tsartas, campeón de Europa con el equipo nacional griego en 2004. Cómo no, nos invitaros a comer la riquísima tarta. Al fin comida buenísima y encima barata. En plena digestión le dimos una oportunidad a los garitos de la zona de Psiri. Ambiente a tope, no como en la Acrópolis...
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Vale que se pueden hacer más cosas, pero qué mejor forma de pasar el tiempo en Atenas que dedicarlo a ver monumentos. Nosotros empezamos por la Acrópolis, de visita obligada. Me desilusionó un poco: está hecha una auténtica ruina. Aunque hay un rayo de esperanza: los numerosos andamios y la creación de un museo parece indicar que en unos años todo este complejo conseguirá tener otro aspecto. Pero el conjunto merece muchísimo la pena; destaco el teatro de Herodes Ático, muy bien conservado y que sigue ofreciendo obras cuando el tiempo lo permite. Y las vistas desde arriba son increíbles, es lo mejor sin duda. Nuestra estancia en la capital griega no estuvo salpicada de buenos placeres gastronómicos. No me parece que sea fácil acertar. Tras la Acrópolis nos dio por pasarnos por una especie de bar de bocadillos muy extendido por todo el país. La cosa es así: un pan de hamburguesa con sésamo por encima y forma de pan chapata. Los ingredientes puestos en la vitrina abren la imaginación para crear el bocadillo y luego lo calientan en un grill. De acuerdo, quita el hambre pero que no me cuenten milongas: no se sale. 
