| Mucho 'tomato' en los dominios de Eetes |
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| Georgia |
| Escrito por David Navarro |
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En la costa del mar Negro georgiana destaca Batumi. La ciudad de vacaciones más importante del país. Yo estaba allí para descubrirla... en pleno mes de agosto. La primera impresión al llegar, viendo los edificios bastante viejos y destartalados, fue un poco negativa. La cosa no se arreglaba demasiado al recorrer una de las calles principales, K Gamsakhurdias qucha, entera levantada por obras bajo una intensa lluvia. No daba buenos presagios. Afortunadamente, un alojamiento encontrado en la calle Kostava, parecía alegrar el día, era increíble. Una casa antigua totalmente reformada, con habitaciones de madera. Perfecto. Una gran relación calidad – precio. Ha escampado y con el brillo del sol todo de ve diferente, era hora de profundizar en Batumi. Bajando hacía la playa, la perspectiva mejora, casas con glamour y una plaza bastante grande con una gran estatua en el centro que representa a la princesa Medea, hija del rey Eetes, que ayudó a la que Jasón y sus argonautas a conseguir el vellocino de oro. Ella tiende su brazo y el vellocino cuelga sobre él, el efecto óptico del reflejo del sor en sobre el dorado es bastante singular. El brazo extendido imita a la rama del árbol donde estaba colgado la lana del carnero. Sobre la base, imágenes de la mítica Argos. Ya que en esta región se gestó dicha epopeya.
El paseo marítimo sigue con más bares y gente paseando, se nota que es temporada alta y muchos veraneantes aprovechan para relajarse. El paseo llega hasta el restaurante San Remo. Da miedo entrar porque parece un sitio de lujo. Pero no hay nada que temer. Un grupo en el escenario anima la velada, eso sí, los altavoces están más que fuertes. El interior, con mesas grandes, pero ocupadísimas, todo estaba reservado. Así que toca comer en la terraza junto al mar. La comida excelente a base de carne de barbacoa y jarras de cerveza. Lo mejor fue una celebración de un cumpleaños, en el que había una veintena de comensales. Hicimos buenas migas con ellos, los abrazos no tardaron en llegar. El anfitrión, que trajo su propio vino, nos hizo degustarlo a base de vasos de un solo trago. Los destornilladores (vodka, zumo de naranja y granadina) estaban a un precio de un euro y medio, uno de los de la mesa del cumpleaños lo bautizó como “tomato” por su color rojo. Hubo un momento en que todo el mundo coreó “tomato, tomato…”, para que este se tomara un destornillador de un buche. Por supuesto, se consiguió a pesar de renegar, y el cómo acabó es fácil de imaginar. Aunque el resto tampoco acabó mucho mejor. Hubo un apoteósico momento a las doce de la noche, sonó el himno nacional. San Remo entero se puso en pié con la mano en el pecho para corearlo, se me pusieron los pelos de punta. La noche cocluyó con todo el bar danzando en la pista de baile con un buenísimo ambiente. Gran noche la de Batumi.
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Llegando al mar hay un enorme parque con un bar a punto de terminar imitando al Nautilus del 
