Las últimas barreras para zarpar hacia Ucrania PDF Imprimir E-mail
Georgia
Escrito por David Navarro   
El puerto de Poti al amanecerTras haber entrado en el minibús que lleva desde la agencia de UKRFerry en Poti (Georgia) hasta el barco que me dejaría en Ucrania, la incertidumbre aún continuaba. .

Los locales nos miran perplejos de no saber cómo nos habíamos metido. El vehículo iba a reventar. Antes de partir, el conductor nos pide dinero, no mucho, pero ya no había, con esto de que nos íbamos del país, nos lo habíamos gastado todo. Así que pagamos cuatro billetes (éramos cinco) y con muchas dudas, acaba por conformarse y por fin arrancó. La sensación que producía de estar dentro del vehículo a oscuras, luces de las calles apagadas en una noche poco estrellada y todos los pasajeros como sardinas en lata en el más absoluto silencio era como si fuéramos a salir ilegalmente del país.

Llegamos al puerto, dos militares revisan los pasaportes, cuando todo está correcto, me entregan una carta de declaración para rellenar, ¡estaba en ruso! Momento de bajón psicológico, con tanta tensión en el cuerpo me sentí impotente. Mis amigos me dijeron que la escondiera, y así hice. Ya estábamos en la puerta del ferry, otros dos militares, nuevo control. Parece que le caen bien los españoles y nos hacen algunas bromas y nos dejan pasar. Ya estamos en la bodega del barco, ahora es el turno de revisar la documentación  por la seguridad del navío. En el momento que se forma un grupo grande nos acompañan hacía la recepción.

Una nueva lucha, la cola, que de fila tiene poco para conseguir una habitación. El funcionario encargado, lo tiene claro, las prisas matan. A un ritmo desesperante va dando las habitaciones. Por suerte, nos colamos y conseguimos la habitación de una forma ‘rapida’. Son las 22:45 horas, parecía increíble. Estábamos dentro del crucero. Después de dejar las cosas en una habitación bastante decente, había que ir a cubierta a brindar con vodka. Misión cumplida.

Los suizos recién llegados nos dijeron que quedaban largas colas en recepción, así que decidimos acostarnos, todo un premio merecido. A las 7:30 de la mañana, suena la megafonía, indicando en ruso e inglés que necesitan que se entregue la declaración de los pasajeros. Pegué un brinco de la cama, y cuando salí para afuera saltó la sorpresa… seguía en Poti. No me lo podía creer.

Rellené la declaración, esta vez me la dieron en inglés, esperamos que la policía Georgiana revisara todos los pasaportes de los pasajeros, ya que la tripulación es la encargada de custodiar la documentación durante todo el trayecto y por fin a las 10:30 zarpamos rumbo a Ucrania despidiéndonos de Georgia.

David Navarro






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