| Tiflis conquista con su deterioro |
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| Georgia |
| Escrito por David Navarro |
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El primer aspecto que choca mucho a la llegada a la estación central de autobuses es que da la impresión de ser cualquier cosa menos lo que es. Algunos taxistas se acercan e intentan imponer precios que son más caros que los usuales. Pero una ‘M’ del metro se intuía a lo lejos, la señal perfecta que estaba esperando para dejar a los taxistas de lado. Un túnel con muy mala pinta y con muchos puestos ambulantes parecía ser el único trayecto. Miré un par de veces hacía el interior y me daba más que respeto. Pero qué remedio había que seguir ya que era el camino. El metro es una auténtica reliquia de la época soviética. Curioso, se compran fichas para acceder, como si fuera una atracción de feria. Las paradas son auténticas galerías bajo tierra, una grata sorpresa al ver este mundo subterráneo. La profundidad es sobrecogedora, las escaleras mecánicas parecen llevarte a las entrañas del planeta, siempre acompañadas por una iluminación tenue de lámparas. Los pasajeros no hablan, nadie ríe o sonríe. De primeras puede resultar tenso, pero conforme vas usándolo dejas de fijarte. La ciudad tiene muchísimos edificios en ruinas y castigados por el tiempo. Muchos con mucha solera, que cuando llegue tiempo de rehabilitaciones harán relucir sus calles. Pero la señora donde me alojé, me dijo: “Tbilisi es mejor que parezca decaída y gris, ese es su encanto”. Por la noche siempre iluminada por la torre de televisión, recomiendo ira hacía la ciudad antigua, donde hay un par de calles con muchos bares y de mucho ambiente. Pero lamentablemente es agosto y miércoles y no hay mucha marcha. Las principales discotecas de Tiflis cierran en este mes y se trasladan a Batumi, donde está la ciudad de veraneo.
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La capital georgiana, Tiflis o 
