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Ahora que entramos en tiempos propios de la Semana Santa, permitan que les presente un dulce tipiquísimo del sur de España en esta época. Bien es cierto que en Andalucía nos gusta tanto que se toma todo el año, pero lo suyo es ahora que las calles huelen a azahar y aparecen pasos por cualquier esquina. Seguro que hace las delicias de los más aficionados a los pasteles, aunque quizás alguno lo encuentre excesivamente empalagosos. Hablamos de los pestiños.
Necesitaremos echarle una media hora al asunto, no más. Precisamos un sobre de levadura, un kilo de harina, una cucharada de ralladura de limón, otra de naranja y otra más de canela, un vaso de aceite de oliva, otro de vino blanco, cinco clavos, una cucharada sopera de anís, un poco de sal y un cuarto de kilo de azúcar blanquilla.
Juntaremos las ralladuras de naranja y limín con el clavo, el vino, el anís y el aceite. Importante que el aceite esté a temperatura templada. Lo removemos todo y se le agrega la levadura y la cantidad de harina que sea capaz de absorber. El objetivo es conseguir una masa homogénea que no se quede pegada entre los dedos.
Aplanamos la masa con un rodillo, la cortamos a cuadritos y se doblan las puntas hacia dentro. Mientras, ponemos aceite en una sartén con lo que ha sobrado de ralladura de naranja y limón para darle algo de aroma. Cuando el aceite esté bien caliente se fríen lo cuadritos. Que no estén mucho tiempo en la sartén, lo justo para quedar doraditos. Después de freirlos, se escurren y se rebozan con el azúcar y la canela. Se deja reposar para que se enfríen un poco antes de ir al ataque con ellos.
Por cierto, que en mi ciudad (Sevilla), también se utiliza el término pestiño para aludir a una persona muy pesada. No vayan a confundirse...
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