| Acantilados y bosques canarios con sabor a poesía |
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| España |
| Escrito por David Navarro |
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Siguiendo por una carretera vertiginosa se llega a Firgas, un pueblo con encanto del norte de esta ínsula. Su calle principal está en cuesta, y aprovechando esa pendiente una cascada escalonada cae por el centro de la misma. Unos bancos, hechos de azulejo en uno de los laterales, representando a cada uno de los municipios de la isla, el conjunto forma el ‘consejo del agua’. El agua de Figas es conocida en toda la isla y se distribuye de forma comercial. Subiendo esa calle, digamos como la segunda parte, grandes mosaicos en relieve representan las distintas islas del archipiélago canario. En una de las caras de la localidad se encuentra el Barranco de las Madres, un mirador que da escalofríos. Muy cerca de Firgas está Moya, algo más grande que el anterior. Su iglesia sorprende por su emplazamiento, justo en un desfiladero, del cual merece la pena recrearse con las vistas. Puede valer un alto para ver la casa natal del escritor modernista Tomás Morales, hoy convertida en museo.
No tiene desperdicio estos lugares. Les dejos con unos bonitos versos genuinos del poeta más afamado de la zona. Yo fui el bravo piloto de mi bajel de ensueño, Acaso un cargamento magnífico encerraba Y llegó el viento Norte, desapacible y rudo; para lograr el triunfo luché desesperado, Tomás Morales
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No muy lejos de la capital de la isla de
Pero lo mejor para mi gusto de Moya está a las afueras y son los 
