| Batalla de agua en la Alpujarra granadina |
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| España |
| Escrito por David Navarro |
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Íbamos muy bien de tiempo a priori, pero al llegar a la ronda de granada dirección Motril (pueblo de la costa granadina), nos encontramos miles de vehículos camino de la playa buscando celebrar las hogueras de San Juan junto al mar. El camino era desesperante, mientras la radio ayudaba nuestro sufrimiento. Por suerte tras una hora y veinte minutos cogimos el desvío de Lanjarón. Ya parecía que llegábamos a tiempo al inicio de la batalla de agua, que empezaba a media noche, porque la parte del jamón había terminado hace rato. ¡Qué mal! Con el hambre que traíamos. En la cuesta hacia el pueblo alpujarreño, nos esperaba otro amigo Javi. Nos pusimos en caravana y Tomás se paso al coche de Javi para que no fuera solo. Y nuevo inconveniente, todo el camino estaba colapsado. Menos mal que Javi había comprado unas botellitas de ron Brugal para amenizar el paseo. Pero seguíamos a contrarreloj, como siempre. Eran ya casi las doce menos cuarto y a este paso de caracol, no llegábamos. Imposible. Por fin vimos los primeros coches aparcados y preguntamos a una francesa que si estaba lejos el pueblo, nos dice que a la vuelta de la colina, pues ¡ahí ‘queo’! Aparcamos al borde del precipicio y fuimos caminando hacía el pueblo. Pero ¿por qué nos fiamos de la francesa? El pueblo estaba a más de tres kilómetros y sólo quedaban diez minutos para la batalla. Seguimos caminando con el ánimo que proporcionaban los cubatas a través de la oscuridad de la montaña. De verdad que no se veía ‘na de na’. De repente se escucho los cohetes de salida, el ruido de la gente era espectacular, nosotros por el camino con el gusanillo de estar allí ya. Empezamos a correr, ataviados con el cubata de ron en una mano y el cubo (utensilio imprescindible para venir aquí) en la otra. Por fin a las doce y cuarto llegamos al pueblo, sin problema, nada más llegar nos cae un manguerazo por la derecha y un cubo de agua por la izquierda. Ya estábamos chorreando y estábamos recién llegados a ‘La Carrera del Agua’, buenísimo. La calle era un festival de tambores y campanas a ritmo de carnaval camino de la plaza del pueblo; mangueras y cubos de agua desde los balcones; mangueras de bomberos a pie de pista… La adrenalina fluía y fluía mientras nos tiramos cubos de agua los unos a los otros. Ya aburrido de tirarle agua a Javi, Tomás y Fernando empecé a buscar victimas para tirarle agua encima. Luego seguí aumentando el potencial de los rivales y me la jugaba tirándosela a gente de la manguera y a gente disfrazada (gente local con muchos recursos). Lo más ridículo era que para llenar un cubo de agua te ibas a una manguera en las que te ponían chorreando. Otro punto de abastecimiento era el agua que corría por la calle, ésta venía con arenilla y suciedad soltada por los presentes. Pues rebañando bien la calle nunca faltaban municiones. Que gracia había uno que gritaba: “agua del suelo no”, y se llevó varios cubos de agua negruzca tras su grito. Por hablar. Yo lo entiendo por que cuando se te metía en la boca, te quedaba como un resto de arena un poco desagradable. Pues así guerreamos hasta llegar a la plaza de la Constitución, y a las una en punto de la noche pegaron el cohete para el final de batalla. Tras una hora de remojones, todo había terminado. Que frío hacía, en plena sierra y de madrugada. Fue entonces cuando vimos la luz, un puesto de pollos asados. Nos pusimos allí a secarnos un poco con el fuego del horno, porque el coche estaba demasiado lejos. Mi primo Tomas y Fernando secaron también los billetes. Pues esto es lo que hubo en Lanjarón, sin duda una fiesta nacional tan curiosa como divertida. En el camino de regreso al coche paramos en una tienda donde degustamos el riquísimo jamón serrano de la Alpujarra, menos mal porque me iba con las ganas de completar la fiesta.
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Aproveché que la festividad de 
