| El relente se hace compañero del peregrino a Santiago |
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| España |
| Escrito por Antonio Salvador, Javier Rubio e Ignacio Díaz Pérez |
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No es una expresión hecha: la 'pelúa' que estaba cayendo antes de la alborada era impresionante: hay que abrigarse bien, no queda otra. Y como el camino discurre junto a regatos, atraviesa arroyos, cruza ríos y salva empozamientos, venga niebla, venga rocío y venga relente. Hasta la 1.30 de la tarde, viendo ya la meta de nuestro destino, no levantó del todo la niebla. Hizo un intento en Ferreiros, en el kilómetro 98, pero nos pilló a cubierto en Casa Cruceiro dando cuenta de las tortillas que Isabel nos preparó en el bocadillo del almuerzo -o lo que llaman por aquí almuerzo. El providencial refrigerio nos dio fuerzas para seguir la jornada debidamente confortado el estómago y cumplido con el primer encargo: Candela -la causa de esta peregrinación, para los que no lo sepan- ya tiene su concha de peregrino. Recuperado del duro repecho con que el camino despide Sarria, vemos nuestro objetivo más cerca. 'Decorado' con grafitis y con una gorra roja descolorida más vieja que el hilo negro, hay un mojón de piedra que nos indica que estamos a 100 kilómetros de Santiago... (continuará).
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Los tres peregrinos continuamos camino de Santiago, tras hacer 
