| ¡Un jamón de la primera guerra mundial! |
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| España |
| Escrito por David Navarro |
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Entramos en ‘El bodegón’ un sitio de lo más característico. A primera vista es una tienda de comestibles. Te pides la chacina, las patatas fritas, o cualquier cosa de la que vendan allí. Bajando una rampa está el bar, lleno de barriles y con una luz tenue. La música más a la altura de ‘pub’ que de bar de tapas acompañaba a la movida local. Aquí ya solo se pide la bebida, y dan tenedores o cuchillos para poder comer lo comprado en la tienda. Nosotros tomamos un riquísimo lomo de orza que estaba en un bote con aceite. Allí mismo en la barra te lo ponen en un plato y si quieres te lo calientan en el microondas. Cayeron por mi parte varios ‘Malaguitas’, un gran vino de la zona sur de Andalucía. Más curioso también es que la cerveza puedes pedirla en botellas de litro. Todo muy casero. Hicimos una pausa para seguir con una pinta en el 'pub' irlandés que con la lluvia más que previsible estaba lleno. Pero tras la cerveza y por la buena impresión causada volvimos de nuevo al característico 'El bodegón', otra vez a comer. Ahora es turno para el jamón, atún y cómo no, algo muy típico jiennense: el paté de perdiz. Todo acompañado con muchos litros de cerveza. Demasiada comida para el cuerpo. Pero habíamos venido a conocer los sitios típicos. Así que paramos en ‘el pato rojo’, una marisquería con mucha solera. Aquí las tapas que dan con las cañas o vinos son todas del mar. La primera una de langostino, con la segunda mojama y con la tercera pulpo a la gallega. No podemos ni movernos con la cantidad de alcohol y de comida que llevamos en el cuerpo. Pero había que seguir indagando en los callejones más escondidos del centro jienense. Llegamos al archiconocido 'El gorrión', una tasca del 1888, decorada con muchísimos cuadros de estilos muy variados. Pero sin duda la estrella de la noche es un jamón encerrado en una vitrina de cristal que ha cumplido ¡90 años! Una auténtica momia. Dicen que el dueño del bar decidió dar la venia a este jamón como celebración de la finalización de la I Guerra Mundial. Aunque la versión más romántica la ofrece la otra historia: es que en la I Guerra Mundial estaba el dueño enseñando las bodegas a una rusa y de repente le calló una gota de grasa y gracias a eso el consiguió besarla, por lo que en agradecimiento a dicha gota decidió conservar ese jamón. Mientras escuché estas historias probé el vino añejo, de fuerte sabor, pero inexcusable de tomar a cualquiera que se acerque aquí. Y por supuesto para comer, la apuesta ganadora la tiene la perdiz en salsa de trufa y complementando unas aceitunas cornezuelos, ¡que estamos en Jaén! Fue un día de lo más gastronómico. Estoy contento de haber descubierto una gran ciudad para el buen comer.
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Comentarios (3)
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Comida
cada vez que voy a Jaén disfruto por lo bien que se come. Son exigente y se nota en cualquier bar o restaurante. Un diez por la gastronomía jienense.
jaen con un lugareño
sigo pensando que la mejor manera de conocer una ciudad es yendo con algun "indigena". yo estuve en jaen con mi primo el famoso torero eduardo ortega y aquello estuvo fenomenal... |




Un nuevo día amanece en la ciudad española de 
