| A quemar kilómetros rumbo a Inglaterra |
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| España |
| Escrito por Ignacio Díaz Pérez |
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Además, presuponer que existe un principio implica dar por hecho que existe un final. Y a eso sí que me niego. ¿Un final, por qué? ¿Un final en este contínuo que es la vida? Ahí estaba el mundo, ahí estaban Inglaterra y Salamanca y Sevilla antes, mucho antes de que yo existiera, de que comprara la moto, de que rompiera con Lucía. Y ahí seguirán, llueva o truene, cuando yo ya no esté. Ni es el primer viaje que hago, ni siquiera en moto, ni será el último, si la vida me brinda esa oportunidad y no tengo, ahora mismo, ninguna razón que me haga pensar que no será así. Además, ya lo dijo Einstein, el tiempo es relativo, es sólo una dimensión más de la realidad en la que nos desenvolvemos, así que por qué íbamos a tener que basar el relato de esta realidad en una única dimensión. Y sobre todo, qué aburrido resulta contar las cosas una detrás de otra, cuando la vida está llena de momentos sobre los que uno olvida el cuándo para recordar sólo el qué, o el con quién.
Estaban muertos de cansancio cuando llegaron, tras 22 horas conduciendo sus motos desde Italia, donde se encontraban, para llegar a tiempo de coger el barco. Sólo paraban para repostar y tomar café. "No choice", decían, si les dabas tu opinión sobre lo que creías una locura. O Ian, inglés del sur de Londres (perdona, Ian, pero no llegué a enterarme exactamente del sitio), seguidor del Rácing de Ferrol por eso de estar casado con una gallega y vivir en Galicia desde hacía algún tiempo. Decía que le resultaba más fácil entenderse conmigo (pese a mi mal inglés y a su peor español) que con la familia de su mujer, por aquello del acento cerrado de los gallegos. Llevaba una 'touring' y no era la primera vez que hacía el viaje en ferry... (continuará)
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Hace un rato, mientras conducía, ya en Sevilla (mi ciudad en España), hacia casa después de lavar mi 
