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Sanlúcar se pone al galope PDF Imprimir E-mail
España
Escrito por David Navarro   
Unos caballos pugnan por la victoria en la playa sanluqueña En la desembocadura del río Guadalquivir, el único río navegable de España, concretamente en la aplaudida localidad de Sanlúcar de Barrameda se produce cada mes de agosto un evento que agolpa a multitudes: las carreras de caballos.

No se trata de una competición hípica corriente. Por lo pronto se trata de la más veterana celebrada en el país, con su primera edición en 1845. Pero su característica principal es que su recorrido se hace por la playa, aprovechando la bajamar. La imagen no puede ser más idílica, una playa a rebosar en tierra y en el mar una multitud de barcas de pescadores que ejercen de espectadores pasivos flotan inertes ante la tranquilidad de las aguas. Enfrente, en la otra orilla las dunas y pinos del Parque Nacional de Doñana, la mayor reserva natural de la península ibérica. Y en el horizonte, el sol se pone dejando un reflejo dorado sobre el mar.

Existen dos formas de seguir el espectáculo, bien a pie de playa en cualquiera de sus puntos del recorrido. O bien en la línea de meta, en un  gran recinto de carpas, habilitado con varios graderíos. En la arena el ambiente es sensacional,  incluso sobrecogedor  el escuchar el galope de los purasangres. Algunos niños ponen color al hacer las labores de corredores de apuestas.

En mi última visita acudí al recinto. Al cual se accede fácilmente pagando la entrada. Eso sí, está prohibida la entrada con traje de baño. Antes de la carrera, los caballos calientan ante el público que elegirá a sus favoritos para las apuestas. Se puede llegar a ganar incluso cien veces más lo apostado. Así que conviene a parte de la referencia visual, conocer todos los detalles posibles, como peso, ganadería, palmarés, etc. Por supuesto, con mis conocimientos equinos demasiados alejados de la realidad, no me dio ninguna alegría en mis pujas. Las apuestas mantienen viva toda la emoción desde que suena la campana de la salida de la carrera y toda la grada murmulla sobre sus favoritos.

Por la noche, la gente vuelve al recinto conocido popularmente como los palcos. Un palco es una tienda donde los propietarios del mismo ofrecen comida y bebida a los amigos, en especial la manzanilla, especialidad enológica de la comarca. La tradición se remonta a los primeros espectadores que venían con su merienda a la playa de Bajoguía, donde hoy es la salida. Ya antiguamente la carrera tenía un sentido inverso al actual. 

La fiesta a ritmo de grupos cantando las canciones más de moda dura toda la noche  en la carpa central hasta que sale la luz del día. Estas carreras son un espectáculo.

David Navarro

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