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Lo que le queda al rociero PDF Imprimir E-mail
España
Escrito por Daniel Pinilla   
Un grupo de peregrinos enfila el camino de la aldeaCuando se hace el camino, sobre todo para un novato como es el caso, todo es novedad. Los que no se pierden ninguna peregrinación aseguran que no hay dos 'ediciones' iguales y que resulta imposible entrar en una rutina con mayúsculas. Me da que es verdad: no son pocos lo que tienen fijado el escenario del camino para asumir el paso del tiempo anualmente. La cosa tiene su parte de romanticismo, no crean.

Personalmente me quedo con la estampa de las noches. Se organiza el campamento y la gente se aposta junto al simpecado para cantarle delante de la lumbre mientras se comparten confidencias a la luz de la lumbre y hay quien se va quedando dormido entre mantas. A pocos metros, cierto es, muchos otros andan de botellón en toda regla. Todo cabe, o eso parece...

El principal problema es la mierda que se genera, la cantidad de coches todo terreno que permiten acceder al parque natural... Después de hacer noche en Marismillas, al amanecer, vi cómo un puñado de jabalíes se aprestaban a servir de basureros comiendo todo lo que la gente había desparramado. Obviamente se le cambian los hábitos alimenticios. Lo mismo ocurre con los pájaros, gamos y demás fauna local. Una pena.

Es verdad que hay un batallón de gente que trata de que no queden huellas y de limpiar lo que otros ensucian. No es suficiente. Llegados a una zona de dunas, algo precioso, encontré un tapón de cerveza oxidado con la fecha de caducidad cinco años antes del momento. Después encontré muchos más. Es lo que tiene.

Daniel Pinilla

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