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En abril tiene lugar en Sevilla (España) la que, con permiso de su Semana Santa, es la fiesta de mayor repercusión mundial de la capital de Andalucía. El origen se remonta a los encuentros que tenían los tratantes de ganado a las afueras de la ciudad para hacer operaciones comerciales. Estas ventas se aliviaban con unos tragos... Con el paso de los siglos, quedan los tragos, el baile y la parranda, y las ventas ya no tienen mucho que ver con la Feria.
En realidad de lo que se trata es de una pequeña ciudad hecha a base de casetas de lona, donde durante una semana la gente se pasea, se emborracha, está con sus amigos, liga, se divorcia, pierde trabajos, arregla otros... en definitiva pasa de todo y suele ser muy divertido. Sin embargo, hay muchos que dicen que se trata de una fiesta elitista porque las casetas son todas privadas menos la del Ayuntamiento (que no aporta nada) y las de los distritos municipales, que suelen ser las de peor estofa y más peleas. "Si no conoces a nadie en Sevilla, la Feria es un rollo", se dice.
En realidad, todo depende de acoplarse bien. Yo cuento mi experiencia: si uno va a una caseta, que por lo general son pequeñas, con 20 amigos y nadie conoce a ningún socio, posiblemente no se permitirá el acceso. Hay que entrar en grupos pequeños, preferentemente con compañía femenina y estando bien arreglados Eso abre todas las puertas. Siempre se puede preguntar por Antonio o Paco... alguno habrá en la caseta y hacerle ver al portero que se tiene cierta prisa. Si se hace con gracia, la cosa suele funcionar. El problema es quedarse un rato en la puerta dudando: entonces seguro que no se entra.
Una vez dentro hay que ver si se puede pagar con dinero o hacen falta vales. En algunas casetas no hay caja registradora y sólo los socios pueden consumir, ojo. Es habitual que haya listillos que pidan muchos platos y luego lo apunten a la cuenta de un socio. Son los clásicos clavazos o ronchas que deja la Feria. Se trata de algo muy peligroso para el bolsillo. En un día completo de Feria te puedes gastar un dineral, porque los precios no son baratos ni mucho menos. Hay que pedir siempre vaso de cristal porque si no te sueltan uno de plástico que normalmente tiene menos cabida.
También hay quien pide un plato de picos o colines para acompañar el jamón serrano, pero no ha pedido ningún tipo de jamón. Lo hace para aparentar, eso es muy de Feria, y para quitarse el hambre a coste cero. El principal peligro es la gente que se apunta por la cara a las 'convidás'... pero es que todo es tan divertido que merece la pena. Del cante y del baile es cuento otro rato...
Daniel Pinilla
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