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La espectacular erupcion del Timanfaya -acaecida en Lanzarote en el siglo XVIII- ha sido una de las más importantes del vulcanismo mundial en tiempos históricos, entre otros motivos por su larga duración, pues comenzó en septiembre de 1730 y concluyó en 1736.
Andrés Lorenzo Curbelo, párroco de la localidad de Yaiza, fue testigo ocular de la catastrofe y dejó un manuscrito estremecedor. Este relato dice: "el día primero de septiembre de 1730, entre las nueve y diez de la noche, la tierra se abrió de pronto cerca de Timanfaya, a dos leguas de Yaiza; en la primera noche una enorme montaña se elevó del seno de la tierra y del ápice se escapaban llamas que continuaron ardiendo durante diecinueve días".
A pesar de la catástrofe, el momento de plantación de las primeras viñas en la zona devastada fue muy temprano, apenas unas décadas después. Para homenajear la historia de estos viñedos, en las instalaciones primitivas de la bodega El Grifo, edificada sobre la lava volcánica, la familia Otamendi - propietaria de la enseña desde hace cinco generaciones- ha ubicado un Museo del Vino. En el interior de la vieja bodega se exponen antiguos utensilios y maquinaria, como prensas, bombas, pisadoras y alambiques.
Se puede visitar un completo taller de tonelería que dispone de todo tipo de herramientas tradicionales para esta labor. El museo cuenta también con una sala dedicada a los vinos espumosos, donde hay máquinas del siglo XIX como encorchadoras, dosificadoras de licor de expedición o etiquetadoras. Por último, tiene una biblioteca con más de 4.000 volúmenes con numerosos tratados dedicados a los vinos de las Canarias.
Luis Montoto
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