| Damme echa el resto en su Rosenmontag |
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| Alemania |
| Escrito por David Navarro |
El Rosenmontag o lunes de carnaval en Damme (Alemania) se adelanta una semana a otras ciudades del resto del país y del mundo en general. Quizás ese encanto del calendario le confiere un toque especial. Es el tercer día de carnaval, los cuerpos tras dos días intensísimos están por los suelos. La voz no sale, incluso la garganta dice que mejor no hablar mucho. La cabeza parece que no responde a la velocidad que acostumbra, mientras mi conciencia no para de recordar algunas canciones que ya había escuchado en estos días más de cien veces. Pero no es escusa. Hay que ponerse el disfraz y cumplir. El desfile se da una tregua de una hora, así que parte a las una. Sin fuerzas llego con la carroza andando. Da la sensación de estar metido en “El día de la Marmota”, sacado de aquella película protagonizada por Andy MacDowell y Bill Murray en que un mismo día se repetía una y otra vez. Pues así de nuevo todas las carrozas estaban en el mismo sitio que ayer, todo el pueblo repitiendo disfraz y de nuevo sonaban las mismas canciones. Como si el día anterior hubiera sido corto, poder prolongar esto un poquito más. Pero las caras hablaban por si solas, no era el mismo ritmo de cervezas y chupitos, todo más relajado. Las carrozas presentaban muchas bajas. Y el frío no ayudaba. Conforme entraban las cervezas, iban llegando más gente, poco a poco todo volvía relucir. La voz se recuperaba y otra vez llegaba la alegría. Ese calentamiento de dos horas era fundamental para recuperar para el gran día del carnaval a la ciudad. Provisto con una botella de Jugermeister en mi zurrón y una veintena de botellitas intentaba ofrecer, pero costaba convencer a que la gente bebiera. Tras la parada de la carroza me puse a investigar otras carrozas. Algunas de mucha creatividad, donde asan un mamut al fuego dándole vueltas y unos trogloditas hacen de dependientes del McMamut. En otras donde la gente tiraba latas de cervezas. En otra salía humo mientras su tripulación vestía de pilotos y azafatas. Todo era color y diversión. Incluso vi al príncipe con su carro tirado por caballos mientras repartía bolsas de patatas fritas. Pero visto el espectáculo de la calle, mejor dejarse de frío y era entrar en calor en la Nordhoff Zelt. La carpa más grande de todas. Allí había un súper ambiente durante horas. La noche transigió de nuevo entre carpas y bares, demostrando la grandeza de este carnaval. David Navarro
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El Rosenmontag o lunes de
Tras la parada de la carroza me puse a investigar otras carrozas. Algunas de mucha creatividad, donde asan un 
