Damme desfila en su domingo de Carnaval PDF Imprimir E-mail
Alemania
Escrito por David Navarro   
Un grupo desfila con San Viktor Kirche al fondoEl carnaval de Damme, en Alemania, celebra su día grande el domingo a nueve días del Miércoles de Ceniza. Hay que madrugar porque esto comienza pronto. A las 12 de la mañana dan el pistoletazo de salida para el desfile… o quizás sea antes. La resaca del día anterior no me deja pensar demasiado.

Más o menos puntual, me incorporo a la carroza formada por casi 50 personas. Todos vestidos de Epi o Blas, en homenaje al 40 aniversario de Barrio Sésamo. Todo el mundo se da un abrazo para saludar y darse la bienvenida un año más. Eso sí, siembre abriendo bien a un lado la cabeza, ya que las máscaras de los personajes son ‘algo grandes’.

La indumentaria debe llevar complementos importantes, como por ejemplo, un zurrón en el que llevar una botella de licor para compartir con quien se antoje. En mi caso porto una de Aquavit, bebida escandinava por excelencia. Además un cinturón cargado con un popurrís de 25 mini botellas de licores diferentes. Como guinda un vaso de chupitos colgado del cuello con una cinta y con un pañuelo de papel dentro, para que absorba los restos del trago bebido.

Comienza el desfile, y aprovecho para hacerme una foto con el presidente del jurado diciendo que soy extranjero y he venido exclusivamente al carnaval. Le saco una sonrisa y quizás un punto extra para la carroza. La competencia es dura, ya que hay unas 240 carrozas en el desfile en el que participan 9.000 personas. Todas unas cifras increíbles para un pueblo de 16.000 habitantes, que en carnaval puede juntar 100.000 almas. Por supuesto, nada que envidiar a gigantes como Colonia y Dusseldorf.

A partir de ahora el nombre de la ciudad se transforma a Dammensia y los saludos en la calle se hacen al grito de Helau. Los espectadores se agolpan a ambos lados de la calle. Mientras caminamos vamos tirando caramelos y bebiendo cerveza. Cada carro es una discoteca ambulante. Algunos incluso se pueden acceder dentro como si fueran bares ambulantes. Cada conversación supone mínimo beber un chupito. Tras dos horas es imposible no haber tomado menos de veinte.

La barra del Urlaub Bar muestra tintes playerosLa imponente iglesia de San Viktor, para algunos la catedral de Damme, vigila la interminable serpiente multicolor durante casi cinco horas. Momento de la comida. Cada agrupación se organiza como puede, algunos con bocadillos y otros con barbacoas. Buen momento para la interrelación con otros grupos y consiga acabar la botella de Aquavic. Algo que parecía imposible, ya que cuando ofrecía todos se negaban. Lo comprendí tras el primer sorbo, ¿cómo se me ocurrió llevar ésto? Era como tirar piedras contra mi propio tejado.

Liquidado el Aquavic y el cinturón de botellitas pasamos directamente a las carpas. Esto se convierte en una auténtica maratón, donde se pierde la noción de horas de beber cervezas y kurzen, como llaman aquí a las bebidas de un trago. Conocer gente es de lo más fácil, todo el mundo metido en sus papeles bromean de sus personajes. Las canciones se repiten una y otra vez, incluso te puede sorprender el príncipe del carnaval con micrófono en mano cantando uno de los hit de la fiesta “…wir ferien die ganze Nacht” (lo celebraremos toda la noche).

Con más de 16 horas en la calle una pequeña caseta llamada Urlaub Bar (bar de vacaciones) reúne a los más incansables. Aunque luego había otro sitio que había más gente. Y es que aquí el carnaval se disfruta a conciencia. Para volver a casa lo mejor es cargar las pilas con un Donner en Brennbar que cierra a las seis. Para ir preparando el cuerpo para el día siguiente.  La experiencia es superior, nunca dando pausa al ambiente.

David Navarro



Comentarios (1)Add Comment
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Estefan
junio 10, 2010
Votos: +0
carnaval

en pueblos pequeños se descubre el auténtico sabor del carnaval. Me animaré a ir algún año.

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