En Alemania el carnaval es muy popular, sobre todo en el oeste, en la cuenca del Rin. Sin embargo, también en el norte del país hay una localidad que destaca a pesar de su pequeño tamaño. Se trata de Damme.
Como datos curiosos, el carnaval de Damme se empezó a celebrar en el año 1614. Además es una semana antes a las fechas tradicionales que coinciden con los días previos al miércoles de ceniza. Para llegar aquí, volé al aeropuerto de Münster/Osnabrück, el más cercano al pueblo. Aunque otra opción es desde Bremen que tampoco coge muy retirado. El invierno es frío y la nieve abunda, con lo que todo está blanco y algo resbaladizo para caminar. Pero no impide que un viernes por la noche tenga una toma de contacto con el bar más famoso de la zona, el Brennbar.
El sábado por la mañana se reúnen los miembros de cada carroza para terminar en un buen trabajo de equipo todos los detalles pendientes. La coordinación, en el grupo que voy a participar, es más que eficiente, todo el mundo sabe que tiene que hacer y en no muchas horas se han puesto las figuras sobre el carro, las flores, se ha comprado la bebida, se ha limpiado todo y se han repartido los disfraces. Lo bueno, que se podrá descansar porque por la noche empieza la fiesta.
El comienzo del carnaval se conoce como Heiligabend, que significa Nochebuena. El pueblo lo cierran para el tráfico, o por lo menos su calle principal, Große Straße, en la que surgen numerosas carpas y bares montados para la ocasión. Entré con mi amigo Alex, mi anfitrión, en la carpa del bar Rimini dónde nos hemos citado con todos sus amigos. Es casi tradición llevar el disfraz del pasado año. Pero lo importante es ir vestido de algo. Las cervezas se beben como vasos de agua.
Me recontré con Sara, mi antigua compañera de piso en Sevilla, que me llevo a la otra punta de la calle. A una gran tienda llamada Nordhoff Zelt. Bastante grande, seguiamos cogiendo ritmo a golpe de Sekt (champán). Después con tanta gente y tantos sitios para entrar, pensaba que iba a ser difícil encontrar a mi grupo. Pero al llevar todos los mismos disfraces, tan sólo tenía que buscar a alguien vestido de Nils Holgersson, aquel pequeño sueco que viajaba en el cuello de un ganso. En menos de lo esperado vi a cuatro de golpe. ¡Bingo!
La noche siguió por las diferentes carpas como Osterfeiner Zelt, Bar dü Mar, Blechhotel, Vieth, Hosenstall, Pion’s Hütte, 7 days, Nordhoff o Fun Factory Zelt entre otras y conociendo a los compañeros del grupo, bailando y bebiendo. El frío se olvida con la buena aclimatación de cualquiera de estos chiringuitos.