La auténtica jungla hecha bar de copas PDF Imprimir E-mail
Alemania
Escrito por Daniel Pinilla   

Una pandilla se dispone a liarla en el Rote RoseKreuzberg, posiblemente el barrio turco más animado de Europa. Se encuentra en Berlín, claro. Su arteria principal es Oraniensatrasse, una calle con una oferta culinaria y para tema copas realmente impresionante. En una vía transversal, a escasos diez metros de la esquina, se encuentra un antro que por sí solo merece una reflexión. Su nombre es Rote Rose, que significa la rosa roja. La fauna que se encuentra uno allí es de impresión.

Yo me dejé caer un uno de enero. Supuestamente la mayoría del personal iba a estar cansado de la juerga de la noche anterior. Nada de eso. A media tarde el bar estaba a tope. De gente y de tensión en el ambiente. El lugar no es para estar relajado. Lo primero que me sucedió fue que un viejo borrachín me tocó el hombro y al darme la vuelta me regaló un petardo. "Lo echas en la cerveza para que explota y haga champán... ja ja", me dijo mientras me escupía al hablar. Buen comienzo.



Poco después cometí el error de ir al cuarto de baño. En el pasillito que da al retrete había una mesita con un viejo negro tipo blues man con gafas de sol puestas (había mucha oscuridad...), tipos con bigotes liándose con prostitutas que ofrecían drogas, algún salivazo que otro volaba e incluso vi a una chica tirar un cigarro encendido a otra a la misma cara... háganse a la idea, mucho glamour.

Volví a nuestra esquina acojonado. Éramos cinco y se veía que la cosa se podía armar en cualquier momento. Un tipo me empezó a hablar diciendo que era egipcio y que en un momento podía matar dos millones de personas sin problemas. Yo no decía nada y él sólo se calentó diciendo que si me reía de él. Vaya momento... En la barra había un tipo con pinta de Mario Bros que resultó ser el portero-seguridad-camarero del local. Frenó al egipcio un par de veces hasta que después de que hubiera intentado comerle la boca a todas las tías que había en el bar, se empezó a pelear con el viejo del petardo. Mario Bros no aguantó más y lo tiró al suelo para después echarlo del bar en plan saloon del oeste.

Mientras, un tipo con rastas se había quedado dormido en una mesa y también lo levantaron a golpes y lo echaron. A cada rato, un negrito de Ruanda aparecía, bailaba y cantaba caciones de su tierra mientras le tocábamos las palmas y desaparecía. Todo muy natural. El tiempo pasó casi sin darme cuenta. Nos había tirado en el bar cinco horas bebiendo cerveza. Pasaron muchas más cosas. El lugar merece la pena por la jauría humana que hay. "Lo mejor de Berlín es su gente", ya lo dijo un sabio.


Daniel Pinilla

Comentarios (3)Add Comment
0
tin
enero 13, 2010
Votos: +0
jungla

mucho valor para aguantar que te escupan durante cinco horas... eso es masoquismo puro y duro.

0
paz
enero 13, 2010
Votos: +0
...


cada personaje es de capitulo aparte: el tenista-camello de ruanda, el profesor de informatica y guitarrista, el gay ludópata, el portero de máxima eficiencia ninjitsu...para hacer varias películas

0
juan carlos
octubre 27, 2010
Votos: +0
jc

a mí no me extraña un pelo lo de la peña morralla, jejeje, buena historia Dani!

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