Fiebre de viernes noche en Saigón PDF Imprimir E-mail
Vietnam
Escrito por David Navarro   
El quinteto dispuesto a darlo todo en la noche de SaigónHo Chi Minh city es la ciudad más grande de Vietnam. Afortunadamente, en esta ocasión la ciudad no huele tan mal como la última vez que estuve, las lluvias limpiaron los malos olores. Era un buen presagio.

Es viernes, y la noche en Ho Chi Minh City me da miedo. Pero en el buen sentido de la palabra, ya que hay demasiado cachondeo. Y con un grupo formado por cuatro españoles y un francés afincado allí (Cyril), era inevitable no salir. Con Cyril como guía nocturno, el plan es buenísimo seguro. El punto de encuentro es un clásico para tomar la primer cerverza 333, el Underground Pub. Todo está preparado para la noche de Saigón.

Para empezar nuestro cicerone nos llevó a cenar a un bufé asiático impresionante con barbacoa incluida. Demasiada comida para la vista, pero era importante llenar el estomago para lo se venía. Primera parada, una discoteca con fiesta de vodka Absolut, donde nos regalaron un chupito por entrar. Ya allí nos compramos una botella de Ballantine’s de doce años, para ir a lo grande. Lo malo (o bueno) es que las azafatas de la fiesta se pasaban de vez en cuando por la barra invitando a más Absolut. ¡Vaya mezcla con el whisky! Pues como era de esperar, salimos un poco perjudicados a pesar de haber empezado la noche. Siguiente parada, Lust, un discoteca bastante ambientada. Allí conocimos a mucha gente, no sé cómo, ni de qué forma, pero imagino que ayudados por la euforia del alcohol cada uno se formo una pandilla de amigos. Así que los cinco divididos por partes diferentes. Lo que me gustaba de este sitio, es que a pesar de estar llenísimo, el camarero externo al que le pedías y te buscaba para darte la copa. Uno me encontró en la otra punta de que la había pedido y no es que no la quisiera, si no que con el ‘pelotazo’ que llevaba, ni me acordé y me cambié de sitio. ¡Qué profesionalidad!

Cuando cerró Lust, fuimos a un ‘after hour’, el Q-bar. Qué gracioso, conocíamos a mucha gente que vimos en el Lust, y seguimos haciendo pandilla. Empecé a hacer demostraciones de cómo se beben los chupitos de Sambuca con fuego en la boca. Creo que hice demasiadas demostraciones, pues el Q-bar también cerró. Ver o no ver, ese era el dilema, pero Cyril, un hombre de recursos, nos llevó a un bar donde todo el mundo acaba para terminar la noche comiendo algo o tomarse la última copa. O sea donde acaban los incansables. Pues bien, allí estábamos. Gente conocida de otros bares, bueno para seguir con ambiente. Conocí a un hombre bastante raro de Córcega, tenía pinta de mafioso, iba con su maletín. El hombre solo me hablaba de que en Córcega si hay alguien que no gusta se le quita del medio, o sea se lo cargan. Lo mejor es que admiraba a los andaluces por ser una raza que mantienen las tradiciones a lo largo del tiempo. El corzo acabó invitándome a una copa antes de irse, ¡que tío!

Ya en un pequeño grupo de ocho o nueve y tras salvar la roncha de dos amigos que se fueron sin pagar, aproveché la luz del día para establecer una retirada. La noche había sido divertidísima. Gracias Cyril.
Comentarios (2)Add Comment
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carmen casso sanchez
junio 28, 2009
Votos: +0
roncha??


pero si no lo pagaste

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David
junio 29, 2009
Votos: +0
roncha??

pero hubo conato del camarero por cobrármelo... Me hice muy bien el loco.

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