| El agua se convierte en vino en Nha Trang |
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| Vietnam |
| Escrito por David Navarro |
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Nos recogieron en un autobús a la gente que pagó en esa agencia y nos llevaron al puerto. Cada autobús le correspondía un barco, ya que había varios de ellos. Nos dirigimos a la primera parada de la excursión, la isla Bambú, ¡qué nombre más típico en estos lares! Estos vietnamitas tienen explotada toda la costa, por la buena costumbre de pescar con dinamita, con lo que ver bicho viviente en el agua esta complicado. Pero Bamboo Island está protegida. Aprovechamos para hacer snorkel, y madre mía, qué placer para la vista, peces por todas partes y de todas las especies: peces payasos, peces loros, peces ballesta, peces trompetas, peces aguja, peces ángel, medusas… en mi vida vi tanta diversidad, y eso que bucee en sitios como el Caribe de Belice y en los arrecifes de las Islas Fiyi. Mientras buceábamos la gente en los barcos bebía cerveza a ritmo de la música. Parecía como una competición de barcos para ver cuál de ellos tenía más ambiente. Segunda parada: nos acercamos a otra isla, donde atracamos el barco, para comer en él. Transformaron los asientos en una mesa gigante para todos, y vaya festín: rollitos, gambas, pescado, arroz y con cerveza Tiger, por supuesto, la más famosa a pesar de ser de Singapur. Ya concluyendo la comida, el momento más esperado, y es que había un personaje en nuestro barco. El hombre era un vietnamita que iba con melena, gorra y gafas de sol, al más puro estilo Roy Orbinson. Lo primero que dijo cuando se montó en el autobús fue “Rock & Roll” y más tarde en el barco me pasaron como seis álbumes de fotos, cada foto era el protagonista con chicas de diferentes tours. Vaya con el colega, le entraba a todas. Por mala suerte para él, no había mujeres aceptables para entrar en nuestro grupo, excepto mi amiga Carmen. Afortunadamente para ella, no le entró. La cuestión es que cogió la guitarra y el micrófono y empezó el concierto, ¡qué bueno! Tocaba y cantaba bastante bien, allí todos bailando y bebiendo cerveza, cada vez me gustaba más el día.
Próxima parada, una isla donde había una playa privada donde paraban todos los barcos de los tours. Allí, ya quemadísimo del sol, decidí dormir en un trozo de sombra, y de repente me despertaron dos holandeses que conocí en las playas de Sihanoukville en Camboya, vaya casualidad. Así estuvimos compartiendo las historias de nuestros viajes mientras que mis amigos Quique y Carmen volaban en un parapente tirado por una lancha mientras Dani hacía relaciones públicas en la playa. Así paso el tiempo y cuando fuimos por la playa camino del barco escuché alguien que gritaba “DAAVVVIIIIIDDD”, que fuerte, unos malayos que conocí en la Bahía de Halong, ¡a más de mil kilómetros de aquí! Ya este país empezaba a resultarme muy chico. Mientras conversaba con uno de ellos, el otro no paraba de hacerme fotos. Fuimos también al acuario para ver tiburones ángel y leopardo, morenas, meros, tortugas y ciento de especies de peces más para seguir disfrutando del mundo marino vietnamita. El acuario está construido como si fuera un viejo galeón. Una gran excursión, muy completa y recomendable, de las que dejan huella.
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Nha Trang es la ciudad de vacaciones de Vietnam por antonomasia. Muy preparada para el turismo. Lo más típico es contratar un tour con un barco. En cualquier hotel o agencia se paga y ellos se encargan del resto.
Las sorpresas seguían, nos tenían preparada ¡una caja de vino gratis! Uno de los tripulantes del barco saltó al agua con un flotador atado a una cuerda, entonces el grumete se sentó en el flotador con la caja de vino y vasos. La cuerda iba atada al barco por el tema de la corriente que era fuertecilla. Todos cogimos un flotador y en el agua nos daban un vaso con vino. Lo malo que cuando te dabas cuenta la corriente te arrastraba, luchando con una sola mano porque en la otra llevaba el vaso de vino, y no quería que se derramara. Por suerte, conseguí llegar hasta donde estaba el que repartía la bebida mientras la música sonaba en plan discoteca desde el barco. Poco a poco formamos una piña todos agarrados unos otros para que la corriente no nos llevara y al compás del mot, hai, ba, yoooooop (lo que viene a significar uno, dos, tres y para dentro en vietnamita) y todo el vaso de vino del tirón. Y así, más y más vino (por cierto malísimo). Ya con el sol pegando y el vino que pegaba más aún, estábamos contentísimos, cayeron todas las botellas. Divertidísimo.
