Timo (o casi) en los Alpes vietnamitas PDF Imprimir E-mail
Vietnam
Escrito por David Navarro   

Una estampa del mercado de Sapa, pleno de coloridoAparecí en el caótico Hanói (Vietnam) después de pasar por el tranquilo Laos. Hanói es una ciudad con cuatro millones de habitantes. Muchísimos ruidos. Y sobre todo deprime ver la horrible decadencia que la superpoblación provoca en las grandes ciudades en países en vías de desarrollo. Ante esta situación que me sobrepasaba decido escapar de la urbe. Dirección norte, a las montañas. Concretamente a los Alpes Tonkianos que hacen frontera con China.

El trayecto hacia el norte se realiza en un tren litera. La higiene del tren deja mucho que desear. Demasiados pelos en la colcha para mi gusto. ¡Qué asco! Afortunadamente llevo siempre conmigo mi saco sabana para estos casos. Aprovecho una camiseta como funda para la almohada. A pesar de todo, se duerme de lujo hasta llegar a Lao Cai: ciudad fronteriza con China. Tan sólo cruzando un puente te puedes cambiar de país. Concretamente se entraría en la provincia de Yunnan. Pero no es ése mi destino.

Todo el mundo que viene hasta aquí va a Sapa, un conocido pueblo de las montañas. Hay un termitero de gente local ofreciendo un viaje hasta allí. Pero estoy sin ganas de follón e intento de despistar al personal; se hace un cambio de rumbo hacía Bac Ho: un pueblo metido entre montañas en dirección opuesta a Sapa. Allí hay etnias muy específicas: por ejemplo una que siempre llevan vestidos de flores estampadas. La gente local está sorprendida al vernos. Parecían no haber visto un turista en su vida. Increíble y extraño, sólo pensar los cientos de turistas que desembarcan diariamente en el tren de Lao Cai ¡sólo a 50 km de aquí!

El trayecto de ida comenzó con un combate verbal con los tres tunantes que querían sacar dinero por el billete de autobús. Tras una dura lucha, se bajaron del autobús sin un duro. Victoria en el primer asalto. La vuelta fue más complicada. No por dinero, o casi no. Organizó el conductor un teatrito para cobrar un plus por el billete. Total, por medio euro no íbamos a discutir. Poca negociación cuando tienes que salir de una zona tan rural. Ya dentro del autobús muy cerca del destino, el conductor hace una parada para cambiar de transporte. Tan sólo para los cuatro extranjeros. Ahora toca ir en una camioneta. Una situación rarísima, aquí hay mucho gato encerrado. La camioneta cambió de conductor varias veces; hasta que definitivamente llegamos.  Con el último piloto (que por supuesto era el peor del gremio de conductores vietnamitas) sentí una especial desesperación. Se entretenía en cada pueblo para dar mil vueltas; y lo peor: iba a 20 km/hora. Nos adelantaban bicicletas. ¡Y no miento!

De nuevo en Lao Cai. El próximo destino es Sapa. Intento negociar un transporte para llegar. Muy dura negociación con un grupo de piratas dispuesto a sacar todo lo que podían a los únicos turistas. Con paciencia se consiguió un precio decente.

Sapa es un entorno privilegiado a unos 1.700 metros de altitud. Rodeada por las montañas más altas de Vietnam. Da la sensación de estar en Suiza. No sólo por las montañas, sino también por sus casas: típicas de cualquier estación de esquí alpina. En sus mercados puedes encontrar cualquier cosa: gusanos, licores con cobras dentro, supuestos 'packs' de avíos para hacer sopa (que incluyen varios tipos de lagartos y otros desconocidos ingredientes...). Esta zona, al estar en un sitio tan aislado, han permanecido algunas etnias intactas a lo largo del tiempo. Y la diferencia con el resto de vietnamitas se hace patente. Tanto en el rostro como en la vestimenta.

Sólo aconsejar para el que vaya a Lao Cai que tenga un poquito de ojo. Porque son los más trepas del sudeste asiático.

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