| La tranquila Vientián |
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| Escrito por David Navarro |
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Vientián es una ciudad pequeña para ser la capital de un país, unos 200.000 habitantes, se puede notar que todo es mucho más calmado y tranquilo que en otras ciudades del sudeste asiático. La ciudad está llena de pagodas, todas muy bonitas. La calle principal circula paralela al río Mekong, uno de los ríos más populares de Asia ya que sus aguas bañan los países de Myanmar, Tailandia, Laos, Camboya y Vietnam. Lo más curioso es que te estás tomando una cervecita (mejor dicho cervezota) en una de las terrazas junto al río y estás viendo Tailandia que es la otra orilla: el río juega una importante frontera natural entre estos dos países durante cientos de kilómetros. Volviendo a la cerveza, está tremenda, se llama Laobeer y te traen un botellín de 640 ml, ¡no está mal! Y por no hablar de lo que cuesta, qué barato es esto, madre mía. Para salir de marcha, regular, ya que a las 11:30 hay toque de queda y cierran todo, por lo menos sirve para que descansemos un poquito. Algo muy particular, es que te hacen un zumo de flores que no podría describir bien su sabor pero si su morado color, lo que es seguro es que no me pido ni uno más. Alquilamos unas bicicletas y se nos ocurrió ir a ver el Buddha Park, en principio pensábamos que estaba a 15 km, y al final resultó que fueron más de 30, por una carretera malísima, muchísimo calor y una bicicleta que dejaba mucho que desear.
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República democrática del pueblo de Laos, un país comunista y sólo al entrar por el aeropuerto se nota. Policías llenos de medallas militares, pocas sonrisas y muy pocas bromas. Lo importante, pasamos la frontera, estamos dentro.
Después de dos horas llegamos al Buddha Park. Se trata de un parque lleno de esculturas donde el autor intentó fusionar las religiones hinduista y budista. El caminar por ese parque te hace sentir el estar en una película de miedo donde las estatuas cobran vida cuando menos te los esperes. Un Buda yacente gigante contempla a todo el parque, me gustó el sitio, aunque no la vuelta, nos esperaba mucho más calor, agotados de la ida, y para colmo ya no sabía cómo sentarme porque me dolía todo las partes de mi trasero. Tras dos horas y media de sufrimiento y calambres llegamos por fin al Guesthouse, afortunadamente con una ducha de agua fría y secándome con el calor húmedo del ambiente Me quedé de maravilla...
