| La biodiversidad de los mamelucos |
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| Jordania |
| Escrito por David Navarro |
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Tras esta aventura medieval, nos vamos al pueblo de Dana, un pueblo de piedra abandonado pero que se han habilitado algunos alojamientos para los turistas que vienen a visitar el parque nacional. El pueblo tiene bastante encanto y buenas vistas del parque al estar arriba de la montaña. Tras una suculenta y riquísima cena nos organizaron un concierto de música local, además todo siguió con bailes populares a los cuales nos invitaron a participar. Pero como siempre, el folklore andaluz muy presente en nuestro corazoncito y con muy buena voluntad intentamos hacer una demostración de nuestro arte, pero mejor que no hubiéramos hecho nada, porque no dábamos la talla (aunque mis amigas Chari y Rocío, sí). El resto del equipo bastante lamentable en cuanto a conocimiento de canciones, palmas, bailes y timbre de voz. Así que dimos un giro estratégico y volvimos a los bailes jordanos, algo más asequible para nosotros. Por la mañana nos dispusimos a hacer un trekking por el parque nacional de Dana. Es el parque más grande del país y además es patrimonio de la humanidad por Unesco debido a la gran biodiversidad que aquí se concentra, unas 600 especies de plantas, 180 de aves, y unas 45 de mamíferos como el íbice, gacelas de montañas, gatos de las arenas, zorros, lobos y hienas. La mayoría de mamíferos del parque son especies amenazadas, el último en extinguirse del parque fue el leopardo arábigo hace unos diez años. Todo prometía mucho, los desniveles aquí son muy grandes, desde los 1500 metros de las cumbres hasta los 50 metros del valle. La paliza del trekking fue tremenda, de catorce personas que empezamos sólo llegamos siete, y muy reventados. Ya que tuvimos que llegar hasta abajo del valle. Lo mejor, el deporte que hicimos, por el contrario, no vimos nada de nada, algunos pajaritos que andaban por las rocas. Había una cabra montesa pero no fuimos capaces de verla. Así que tras tres horas de caminata creo que nos confundimos, no con el parque, sino con el guía, un chico simpático del pueblo, que se pasó el recorrido pinchando temas discotequeros de su móvil. Y es que nos recomendaron hacerlo con el chavalito mejor que con el guía oficial, craso error. Si vuelvo, voy al centro de visitantes que todo está mucho más organizado, tienen todas las rutas organizas por tiempo y sitios que visitar y ver. Qué remedio ya no hay vuelta atrás, pero creo que fue una grata experiencia, los paisajes y el aire puro también compensa.
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