| Kioto da las campanadas |
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| Japón |
| Escrito por David Navarro |
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Había coincidido con muchos amigos en la antigua capital imperial, y juntándonos con los amigos de amigos nos plantamos en el restaurante 26 personas. Quizás la cena de fin año más multitudinaria que recuerdo en mi vida. Para ello reservamos en un restaurante en la calle Kawaramachi-dori llamado Torihime. Encontrarlo no fue fácil, ya que nos dijeron que estaba en otra calle, tras mucho y mucho buscar. Nos encontramos un bar español, llamado Don Quijote. Entramos a preguntar, y el camarero que había vivido en España y hablaba buen español. Dejó encargado del bar a su único cliente y nos acompaño hasta nuestro destino. Allí nos juntamos los 26 en un menú que consistía en comerse todo lo traían y pedir cervezas, sake o vino. Fue muy divertido. A la salida, las calles atestada de gente. Nos explicaron que era tradición empezar el año en el templo Kiyomizu-dera. Para el camino lo mejor era avituallarse de bebida. Como la ciudad está llena de tiendas 24 horas, pues allí nos proveímos de vodka, refresco, hielo, vasos… Es curioso que te venden vasos con hielos, los japoneses siempre un paso por delante.
Lo del templo de Yawasa era impresionante. La policía había acordonado la calle para organizar la entrada al templo. Iba dando paso progresivo ya que habría miles de personas. Tras esperar bastante y asombrarnos con los movimientos de las multitudes conseguimos acceder al templo. Lleno de tenderetes, parecía una feria. Vendían de todo: comida, dulces, recuerdos, …incluso ¡calendarios de mujeres desnudas! Demasiado bullicio para el efecto del alcohol que estaba en un momento de bajada. Había que buscar un lugar para tomar algo y entrar en calor. En todos los bares que preguntamos no nos admitían por el número de personas que éramos. Sólo te dan las plazas de los asientos que tienen. La situación empezaba a ser desesperante. Nos metimos por las calles de Gion y se escuchaba música de un local cerrado. Me dio por llamar a la puerta y me abrieron. Lo mejor nos invitaron a pasar. El ‘garito’ no podía ser más pequeño. Apretujados, no cabía ni un alfiler más. Por lo menos nos pudimos tomar una cerveza, cantando y riéndonos. Después vinieron unos amigos más y parece que nos le hizo mucha gracia. Así que tras la segunda cerveza nos echaron. Lo peor la cuenta 1.900 yenes, unos 19 euros. Así acabó la noche. Sólo resta decir... ¡feliz año!
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El fin de año en Japón se celebra más como el día de
La calle abarrotada sobre todo en el cruce del Yawasa, las fuerzas del orden lo tenían todo preparado. Ya tras unas dos horas caminando llegamos puntuales a la cita, el templo de Kiyomizu-dera, todo el mundo expectante que tocaran la primera campanada del año. La campana gigantesca mientras un grupo de monjes esperaba golpearla con un tronco. Un momento muy emocionante. ¡Por fin sonó! Todo el mundo aplaudía, nosotros nos fundíamos en abrazos y besos. A esta campanada le siguen otras 107 más. Y es que la tradición es dar 108 campanadas, además que entre una y otra puede haber un minuto de intervalo. Tras esto comienza las ofrendas. Hordas entrando en el templo para hacer peticiones de tener suerte el año entrado. Todo era una locura, por suerte no tenía que pelearme con nadie por dar mis plegarias, me limitaba a mirar desde la lejanía, era más interesante. Tras esto se hacía un recorrido por las estrechas calles hasta llegar al templo de Yawasa. La noche llena de vida con muchos pequeños establecimientos abiertos para poder comer fideos, toda una tradición que dice que trae suerte. 
