| Kioto a base de pedaladas |
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| Japón |
| Escrito por David Navarro |
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Pues como suele pasar, de la imaginación a la realidad hay mucha diferencia. Kioto es una ciudad grande, de un millón y medio de habitantes. La ciudad está llena de templos y santuarios, todos muy singulares y también muy distantes unos de otros. Hacía falta un poco de planificación de que ver, y fundamental el alquilar una bicicleta para desplazarse de forma rápida y dinamizar el día. Así que con un grupo de seis amigos decidimos ver Kioto en bicicleta. Con todo organizado, el primer punto es el Castillo de Nijo, patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Muy bonito por fuera, pero cerrado por ser día de fiesta. La planificación se vino abajo a la primera. Bueno, nos comentan que el Palacio Imperial también está cerrado, lo tacho de la lista de visitas. Seguimos al siguiente punto, el santuario de de Kitano Tenman-gu. Un lugar bonito para una primera toma de contacto, Además es un lugar donde vienen muchos estudiantes para orar y pedir suerte para sus exámenes. Tras esto pasamos a uno de los platos fuerte del día, el pabellón dorado o Kinkaku-ji. Este patrimonio de la Humanidad, está en el interior de un precioso jardín junto a un pequeño lago donde se refleja todo su pan de oro. Pero este templo es una reconstrucción, ya que el original lo quemaron hace unos 50 años. Siguiente punto el templo de Daitoku-ji, en el que pudimos ver algunas casas tradicionales de los monjes, con sus jardines ‘zen’que representan océanos y ríos. Todo respiraba en un aire de mucha espiritualidad. Me gustó mucho este sitio. Siguiente parada, un nuevo patrimonio de la Unesco, el santuario de Shimogamo, consagrado a la deidad del trueno en el interior de bosque del cual dicen “que se desvelan las mentiras”.
Con muchas cosas vistas y horas de pedaleo que afortunadamente cogimos el buen sentido de la ciudad aprovechando las cuestas abajo, paramos en el ‘Smile Burger’. Unas hamburguesas grandísimas que ponían el logo en el pan. Había una que era una autentica torre de diez plantas. Le metían un pincho para que no se separara. Buenísimas. Es hora de ir al barrio donde me alojo, un lugar fantástico. Recomiendo el sitio donde me quedé, un Riokan, una casa típica japonesa. Si alguno va se llama Hanakiya. Nada más entrar en la zona nos encontramos con dos Geishas. Esta parte de la ciudad está llena de calles estrechas con muchísimas casitas de madera, y te llevan hasta el templo de Kiyomizu-dera. Un templo que además de ser patrimonio de la humanidad fue de los elegidos para poder votarlo durante la elección de las nuevas siete maravillas del mundo. Lo más llamativo son sus pilares de madera grandísimos y altísimos que desafían la pendiente de la montaña, ¡sin ninguna puntilla! Espectacular. Este templo es el del pueblo, y la gente vienen a beber su agua sagrada. También es buen lugar para tener las mejores vistas de Kioto. Por estrechas calles llegamos a la elegante pagoda de Yasaka. Y seguimos disfrutando callejeando por casi pasadizos hasta llegar al templo de Kodai-ji. Allí nos sorprendimos al ver una figura de hormigón de 24 metros de altura, que representa a Ryozen Kannon. En ese momento me quedé pensando que Kioto te regala detalles constantemente. Tras esto terminamos el día, viendo muchísimas cosas increíbles, entre ellas 5 patrimonios de la humanidad. Y aún me queda mucho por descubrir de Kioto.
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Kioto es conocida como la ciudad del protocolo para el cambio climático. Pero el dato más significativo es que posee
Atravesamos el río Kamo para ir al otro lado de la ciudad, y llegamos al pabellón de plateado o Ginkaku-ji. Otro de los patrimonios de la humanidad de la ciudad. Lo malo fue pagar y ver que estaba cubierto con un andamio. Pero el entorno era increíble, los jardineros demuestran aquí que su profesión es un arte. De hecho está considerado este lugar como una obra maestra del paisajismo. Justo a unos metros del pabellón comienza el Camino del Filósofo, en honor a un profesor de la universidad de filosofía llamado 
