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Mi sorprendente encuentro con el Buda gigante de Nara PDF Imprimir E-mail
Japón
Escrito por David Navarro   

La puerta de Nandaimon sorprende y con razónNara es una ciudad japonesa muy cercana a la conocida Kioto. Famosa por sus templos y una de las antiguas capitales de Japón, fue conocida en su fundación como Heijo-kyo, que quiere decir ciudadela de paz. Preserva un patrimonio cultural exquisito. Desde su estación de tren se tarda unos quince minutos, atravesando  una de las calles comerciales de la ciudad, hasta el templo Kokufu-ji.

A la llegada al templo te sorprende la multitud de ciervos sagrados buscando cualquier comida de los turistas. Les cortan los cuernos porque tienen la costumbre de pedir comida envistiendo su cabeza contra los posibles candidatos a darle algo. Es bastante entretenido el jugar un poco con estos cérvidos.

El templo alberga estatuas centenarias de enorme valor. Incluso alguna del siglo VIII. Junto a éste, hay una gran pagoda, que es algo más moderna porque el edificio original se quemó varias veces. Aún así, es del siglo XV.No está mal.

De ahí vamos paseando, viendo más ciervos, hasta llegar al templo Todai-ji. Declarado patrimonio de la humanidad por la UNESCO. Nada más entrar te encuentras con la gran puerta del sur, Nandaimon. Una extraordinaria estructura de madera que da aspecto de antigüedad. Aunque la sorpresa está al pasar bajo su pórtico. Dos enormes colosos de madera la protegen en su interior. Simplemente espectacular.

Seguimos adentrándonos al templo, en su interior alberga un Buda gigante de bronce de 16 metros. Nada más y nada menos que el más grande hecho en su material. El pabellón fue construido a posteriori para protegerlo.

Un ciervo intenta colarse en un taxiA la salida, justo la puerta a la izquierda, había una deidad curiosa. Ponías tu mano en su pie, y luego colocabas tu mano donde tuvieras una dolencia. Y según cuentan, sana de verdad. La siguiente parada es el Gran Santuario Kasuga. Que es de religión sintoísta. El templo original se hizo en el siglo VIII. Pero siguiendo los principios sintoístas de renovación, cada 20 años se destruyó para volverlo a construir. Así se hizo unas 50 veces. El que se visita hoy día es del siglo XIX. Alrededor del santuario los caminos son protegidos por unos 3.000 faroles de piedra. Dicen que a principio de febrero los encienden. Sin duda tiene que ser sobrecogedor.

Mientras como un cuenco de fideos con setas mi mente solo visualiza ese buda gigante. Me ha sorprendido tanto. No esperaba encontrarme esto cuando vine a Nara.

Comentarios (2)Add Comment
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Gila
abril 22, 2009
Votos: +0
peligro

imagino que todos esos edificios de madera serán la tentación de cualquier pirómano

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carmen
abril 23, 2009
Votos: +0
...

Hola David,q tal?
No sabes la envidia que me das,mientras yo consigo deleitarme cn algun parrafo de filosofia budista tu viendo esas maravillas.me ha gustado tu articulo, y sobretodo el poder viajar desde casa mientras encuentro tiempo de hacerlo.besico

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