| Nikko: simbiosis perfecta de cultura y naturaleza |
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| Japón |
| Escrito por David Navarro |
Al norte de Tokio se encuentra la ciudad de Nikko. Se suele tardar desde la capital japonesa hasta allí unas dos horas y media en tren. Aunque si se equivoca uno y se agarra un tren normal en lugar de uno rápido como fue mi caso, el retraso puede ser de una hora más... Paciencia. La ciudad lo merece: tiene fama mundial por haber sido un centro religioso budista sintoísta. Al llegar allí había un poco de confusión, no tenía claro qué había que ver. La cuestión era decidirse por lo más atractivo. Lo primero fue sacar un billete de autobús para poder moverse por la zona, que cuestan más o menos según el alcance. El billete elegido te permite subir y bajar por todas las paradas del recorrido a lo largo de tres días. El que cogí fue el que llega hasta el lago Chuzenji. Pues una vez en el autobús, éste empezó a subir por una escarpada carretera, las nieves empezaron a aparecer. Todo un espectáculo por las vistas. En no mucho tiempo se llega al lago. Increíble, todo un espectáculo, metido entre montañas nevadas y un día perfecto con un cielo azul y un sol brillante. Había que caminar con precaución por la nieve y placas de hielo. El paseo por el pueblo no dice mucho, por lo menos en esta época del año. Parece que tiene que tener más vida en verano, donde la gente lo usa para hacer actividades acuáticas. Muy cerca de aquí hay unas cascadas, pero lo dejo para otra ocasión, es mejor volver a Nikko para ver sus templos, y los autobuses respetan su horario escrupulosamente.En la zona hay muchos templos para ver, pero hay dos que destacan: el santurio Tosho-gu y el santuario Taiyuin-byo. El primero, se puede decir que es de los sitios que te deja con la boca abierta. Está conservado en perfectas condiciones y no le falta detalle en sus paredes y puertas. En el establo sagrado hay una representación de los tres monos de la sabiduría que todo el mundo fotografía sin parar. La puerta de Yomeimon luce hermosísima decorada con bestias y flores. La curiosidad la pone el edificio de Honji-do con su gran dragón llorador pintado en el techo, donde uno de los monjes muestra a los turistas el eco que existe justo bajo él mediante una palmada. Los árboles son un escenario más que acompañan a estos santuarios, ya que son gigantescos, y hacen disfrutar del paseo y respirar un aire limpio. El santurio Taiyuin-byo, se accede tras subir varias escaleras, realmente este es el mausoleo de Tokugawa Iemitsu, uno de los gobernantes más poderosos de la historia japonesa. Quizás este santuario al estar más apartado y con menos gente te hace disfrutar más de la visita. Me voy caminando hasta la estación voy pensando todo el arte que concentran los santuarios, no me extraña que sean patrimonio de la humanidad por la Unesco. Mientras me cruzo con otro de los atractivos de Nikko, un viejo puente sobre el río Daiya. Como cobraban por acceder a él, preferí gastarme el dinero en una buena comida que ya he pagué por este día bastante.David Navarro
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Al norte de
El paseo por el pueblo no dice mucho, por lo menos en esta época del año. Parece que tiene que tener más vida en verano, donde la gente lo usa para hacer actividades acuáticas. Muy cerca de aquí hay unas cascadas, pero lo dejo para otra ocasión, es mejor volver a Nikko para ver sus templos, y los autobuses respetan su horario escrupulosamente.
Me voy caminando hasta la estación voy pensando todo el arte que concentran los santuarios, no me extraña que sean patrimonio de la humanidad por la 
