| Toque de queda en Takayama al ritmo rockabilly |
|
|
|
| Japón |
| Escrito por Ibán Martín |
Acostumbrados a los rápidos y puntualísimos trenes bala de Japón acusamos el contraste dentro de un tren rudimentario parecido a los de los años 40, camino hacia los Alpes japoneses, concretamente a Takayama. Nos explicaron que no había otra manera de llegar, ya que todo el trayecto era a través de la montaña. Y lógicamente los shinkansen o trenes bala no podían acceder.De todos modos, tenía su gracia: además de la originalidad del tren en sí nos llamó la atención los asientos del tren, cuero negro y el reposacabezas con forma de las astas de un ciervo. Las vistas eran maravillosas y merecía la pena hacerse las casi cinco horas en tren desde Tokio (un tren bala las hubiese hecho como mucho en dos...). Nada más llegar a Takayama, dejamos las cosas en nuestro templo particular. Digo templo porque el albergue en sí era un templo de monjes en lo alto de Takayama; por supuesto había que quitarse los zapatos y no alzar la voz. Sin lugar a dudas me quedo con este sitio en todo mi viaje a Japón, incluso mejor que los clásicos ryokans que hay en las grandes ciudades como Kyoto y Tokio. No siempre se duerme en un templo budista... Estuvimos recorriendo todo el día este bello paraje enclavado en los Alpes japoneses, con espectaculares puentes, cascadas y casas tradicionales de la época (aún quedan casas samurai en buen estado). A media tarde decidimos hacer una parada y tomar algo... cuál fue nuestra sorpresa cuando entramos en una especie de tasca y surge un verdadero motero japonés ofreciéndonos bebida y comida. El tipo en sí era un enamorado de las motos y la música rock and roll, ataviado de rockabilly y muy extrovertido (al contrario que la mayoría de los japoneses). Nos enseñó incluso una réplica en madera (como buena perfección japonesa era exacta a la original) de su moto, aparcada fuera de su taberna y totalmente “tatuada” con forma de serpiente, un reclamo para entrar sí o sí... Pasaron algunas horas y con la compañía de nuestros amigos sake y birra japonesa éramos unos cuantos sentados en la barra brindando sin parar y contemplando cómo se transforman los japoneses con un poco de sake... Sacan lo mejor de sí mismos e incluso ¡se atreven con el español! Pero este momento iba a durar poco, ya que nos acordamos que nuestros monjes nos recalcaron que si llegábamos después de las diez de la noche no nos abrían el templo y nos quedaríamos fuera. Pues dicho y hecho, nos pusimos a correr como verdaderos locos y conseguimos llegar a las 21 horas y 59 minutos a nuestros aposentos... Me recordó a los tiempos en los que salía de fiesta y mis padres me ponían hora para llegar a casa. Nunca está mal recordar momentos de la infancia, y más si es en los Alpes japoneses... Ibán Martín
Agregalo como Favorito
Compartir
Enviar email
Comentarios (3)
![]()
...
Me lo paso muy bien leyendo tus relatos, son muy divertidos y me gustan mucho.Me lo paso mejor que leyendo el libro de A.Salas.Dale fuerte Pipe, aquí tienes un fan de tus historias por el mundo y están muy bien redactadas, sobre todo me gusta la naturalidad al contarlo y la presentación de todo en general es abrumadora.Dale ahí...dale!!! |




Acostumbrados a los rápidos y puntualísimos trenes bala de Japón acusamos el contraste dentro de un tren rudimentario parecido a los de los años 40, camino hacia los Alpes japoneses, concretamente a
Estuvimos recorriendo todo el día este bello paraje enclavado en los Alpes japoneses, con espectaculares puentes, cascadas y casas tradicionales de la época (aún quedan casas samurai en buen estado). A media tarde decidimos hacer una parada y tomar algo... cuál fue nuestra sorpresa cuando entramos en una especie de tasca y surge un verdadero motero japonés ofreciéndonos bebida y comida. El tipo en sí era un enamorado de las motos y la música rock and roll, ataviado de 
