| La gelatina de los hebreos |
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| Israel |
| Escrito por Benjamín Grossman |
En mi pequeño país no son pocas las comidas que explicadas suenan horrible, pero después están riquísimas. Si les hablo de una gelatina fría de pollo o vaca a modo de aperitivo, supongo que a más de un aprensivo se le habrá cerrado el estómago. Nada, nada... hagan un esfuerzo y lo agradecerán. Se trata del jolodtez, una auténtica delicatessen digna del más alto dignatario. Resulta además tremendamente nutritivo. Necesitaremos tres huesos de vaca o cordero, preferentemente, unas pocas hojas de laurel, cinco dientes de ajo, tres huevos duros, media cucharada de pimienta en grano y algo de sal. Vamos a ello. Para la preparación habremos de lavar bien los huesos con agua caliente, a fin de extirpar toda la grasa. Hervimos en agua el tiempo que haga falta hasta que la carne se separe del hueso. Es importante reponer el líquido que se va evaporando y que los huesos siempre estén cubiertos totalmente de agua. Salamos a nuestro gusto y añadimos las hojas de laurel, los ajos y la pimienta en grano. Cocinamos un rato pequeño más, a fin de que los condimentos hagan su efecto. Mientras tanto, vamos rallando los huevos duros y los ponemos en una fuente honda. Sobre el fondo vertimos el líquido resultante de la cocción, convenientemente colado. La carne de los huesos la picamos y la añadimos a la gelatina. Dejamos enfriar el resultado final hasta el día siguiente. Entonces, cuando esté bien sólida, enjuagamos con agua hirviendo y escurrimos bien para sacar la grasa de la superficie. Ya está, listo para comer. Benjamín Grossman
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En mi pequeño país no son pocas las comidas que explicadas suenan horrible, pero después están riquísimas. Si les hablo de una gelatina fría de pollo o vaca a modo de aperitivo, supongo que a más de un aprensivo se le habrá cerrado el estómago. Nada, nada... hagan un esfuerzo y lo agradecerán. Se trata del 
