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Israel
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Escrito por Daniel Pinilla
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Incrustado al sur de la populosa Tel Aviv se encuentra el puerto de Jaffa, un enclave de más de 4000 años de historia que no ha perdido un ápice de su sabor, a pesar de que las constantes reconstrucciones le hayan hecho disminuir en personalidad. La capital israelí literalmente la ha engullido y a día de hoy no hay barreras físicas entre ambas poblaciones. Jaffa es el apéndice más calmado a las habituales noches locas y muy largas de Tel Aviv, sobre todo las de su barrio yemení y la zona cercana a la siempre abarrotada playa.
Tradicionalmente Jaffa ha sido uno de los puertos más importantes del Mediterráneo. Es un lugar no exento de encanto y muy visitado por los vacacionistas no foráneos. En Jaffa no hay grandes locales nocturnos: más bien el personal se dedica a pasear con la familia, tomar un helado, sentarse en un banco y contemplar la imponente vista de la ciudad trufada de luces y ver pasar el tiempo.
No son pocos los puestos y tiendas de artesanías y resulta fácil que entre las callejas empedradas haya quien crea que todo es una trampa para turistas. Si es una trampa, al menos está hecha con gusto. Y tampoco podemos pretender siempre encontrar la verdadera esencia de todo en cinco minutos. Mi veredicto para con Jaffa es altamente positivo.
También puede ser porque me alojé en un lugar puntero, el Old Jaffa Hostel, ubicado en toda la pomada, a cinco minutos del puerto. El lugar está realmente bien, cada habitación está decorada con arte, muebles antiguos y cada una es diferente a la anterior.
No es caro y por sí mismo merece una visita a su azotea, donde es posible tomar una buena cerveza o un zumo de naranja recién hecho mientras se contemplan las mejores vistas de la ciudad al anochecer.
Jaffa en sí mismo es pequeñita. Se trata de un reducto de población mayoritariamente musulmán, pero donde (menos mal) se respira tolerancia. Hay iglesias cristianas abiertas al culto, mezquitas y algunos paseantes portan banderas de Israel. El lugar te contagia calma y sosiego, hasta el punto de que todo el mundo se da cuenta que turbar la paz está fuera de lugar. Buen sitio para comer pescado (aunque eso ya no sale tan barato...) y sobre todo para dedicarle la mañana del domingo al conocidísimo mercado de las pulgas, que toma literalmente el centro de Jaffa. Allí se pueden comprar todo tipo de antigüedades horteras, pero también pinturas, muebles de diseño, esculturas.... Jaffa es el corazón de la bohemia de Israel.
Daniel Pinilla
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