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Israel
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Escrito por Daniel Pinilla
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El mar muerto está tieso de vida. Su mismo nombre así lo indica. Se trata del punto más bajo de la tierra firme en relación con el nivel del mar y la densidad de sal en el agua es tan tremenda que cualquier persona puede flotar sin demasiadas dificultades. No resulta muy aconsejable darse un chapuzón si alguien tiene algún pequeño corte, porque el escozor le puede hacer ver las estrellas. Doy fe porque a mí me sucedió algo parecido y me tuve que conformar con disfrutar desde la orilla del increíble paisaje.
A mitad de camino de la costa oaccidental (la israelí) se encuentra uno de los enclaves más curiosos de una zona que más se parece a Marte que a la misma Tierra por la absoluta ausencia de vida que existe. Kilómetros y kilómetros de pedregales áridos se ven sorprendidos con la aparición de Ein Gedi, un oasis en toda regla con restos de vida animal salvaje y una sucesión de pozas y cataratas donde es posible refrescarse con agua dulce. Si no se ve no se cree.
El oasis es mencionado en muchas ocasiones en la Biblia. El Cantar de los Cantares es un buen ejemplo de ello. A un poco menos de un kilómetro se encuentra un kibbutz donde es posible quedarse por un precio bastante ajustado. Curioso es que en la noche que me alojé la película que proyectaron en la sala común fue The Delta Force, una americanada en toda regla donde los árabes musulmanes quedan retratados como terroristas. Vaya plan en un lugar con tanta tensión política...
En Ein Gedi hay presencia de ibex, águilas, pequeños roedores y varios tipos de reptiles que viven gracias al frescor del agua que cae por un pequeño desfiladero de las montañas vecinas. se trata de un parque nacional con varias rutas: una de ellas acaba en una antigua sinagoga y otras dos en diferentes cascadas donde es posible incluso sentirse un saltador en toda regla desde las rocas. Absolutamente recomendable para no morir de una insolación en un lugar tan castigado como el sol como esta parte del planeta.
Daniel Pinilla
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