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La pequeña isla de Bali (Indonesia) tiene todo lo mejor y casi todo lo peor de un balneario turístico. Playas bonitas, restaurantes elegantes, spas maravillosos, un clima perfecto... pero refugiarte en busca de paz es imposible. Ser turista allí es estar en la diana de todo el mundo. Al no haber transporte público en la isla, la forma de moverte es o bien alquilando un coche o contratando a un transportista que te lleve. Eso significa que no das dos pasos por ninguna calle sin que unos 20 conductores te persigan ofreciendo coches. Llega una hora en que te agobian y te dan ganas de llevar un cartel en el cuello: gracias, majete, no quiero transporte.
Los balineses viven del turismo y son pillos con los extranjeros. En muchos casos te cobran según lo ingenuo que te vean. Yo misma he tenido que pagar más caro por bobadas porque una mujer que me ha dado un masaje en la playa me ha visto negociar con un vendedor de plata en la arena. A la hora de pagar me ha doblado el precio. Me daba rabia, pero me vino con el llanto de que la gente de la isla es pobre, que no van tantos turistas desde el atentado terrorista... En fin, por la pena me ha ganado. Pero ha sido la primera y última.
Bali es pequeñita y si te organizas vas a prácticamente todos los lados en poco tiempo. A quien le gusta la marcha los caminos llevan a Kuta o Nusa Dua. Cerca del aeropuerto y llenos, llenos, llenos de turistas. Los bares y hoteles, eso sí, de ensueño. El no va más son los restaurantes, pubs, discotecas y bares en las arenas de las playas. No sólo de Bali pero sobre todo en las vecinas islas del norte como Lombok o Trawangan, de arenas blancas, aguas cristalinas (el buceo allí está considerado de los mejores del planeta, los surfistas se sienten en su casa y hay corales de muchos colores, aparte de tiburones, delfines y ballenas).
Para ir de Bali a las islas del norte hay ferris más o menos baratos, pero a menos que quieras estar muchos días, no compensa. He ido en uno y he tardado casi todo el día navegando. Cuando llegué ya era noche. Hay barcos más rápidos, pero caros (alrededor de 60 Euros el trayecto). Por lo que irse a Lombok y alrededores es imprescindible para surfistas, buceadores y parejas que quieren desaparecer. Si no estás en estas listas, piénsatelo antes de ir.
En las playas casi todos los garitos tienen mesas altísimas sobre la arena en las que te sientas sobre cojines coloridos y te haces en el paraíso. Para desayunar de frente al océano, para cenar bajo las estrellas y a luz de velitas. No se puede ser más romántico en esta vida. Precisamente por este romanticismo Bali es el lugar de las parejas. Los hoteles más bonitos ofrecen incluso paquetes de cenas, banquetes, fiestas y celebraciones de boda. Para quien sueña con algo más que la luna de miel, sino hacer todo el 'fiestuki' en el mismo lugar.
Anelise Infante
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