| La glamurosa mansión de Chettinad |
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| India |
| Escrito por David Navarro |
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El objetivo es llegar a la mansión de Chettinad, y el taxista con su Embassador (modelo de coche) está perdido por los pueblos por encontrarlo. Eso hace recorrer los lugares más variopintos de la zona. Una nueva parada en el camino, el conductor necesita comer algo. Los pasajeros optamos por unos plátanos, unos cacahuetes y unos zumitos. Un templo hindú se sitúa junto a nosotros. Multitud de dioses desde los muros nos observan. Tras el templo un inmenso ghats. En casi pleno campo, entre el templo y el ghats, usamos la sombra de la palmera como improvisado comedor. Seguimos el camino y por suerte estábamos muy cerca de la mansión, unos quince minutos con el coche. Esta casa si está muy bien conservada, data del siglo XVIII y el mármol y la teca de Birmania son sus elementos más característicos. Ahora bien, no nos dejan verla por dentro. Están de preparativos de una boda. Por suerte, en el momento que andamos preguntando aparece la dueña, y nos da su beneplácito para entrar. Los muebles todo de madera estaban resplandecientes, los pórticos de las puertas estaban totalmente tallado con representaciones de pequeñas figuras, esto se le unía la decoración de la ceremonia de boda. Toda una experiencia, el poder quedarse aquí para el evento, pero hay que seguir el camino. Como última curiosidad, cuentan que usaron clara de huevo para dar percepción de suavidad al color blanco. No muy lejos de aquí, hay un curioso castillo, o más bien fortaleza. Está construida en una colina rodeada de piedras bastante esféricas. Y el tamaño de algunas rocas es espectacular. De hecho muchos locales sesteaban bajo la sombra de una de ellas. En la cima del recinto hay un cañón y las vistas de alrededor son exquisitas, palmerales sin límites por todas partes. Pero el tremendo calor no permite apenas recrearse, quizás al atardecer puede ser incluso un momento mágico. También tienen un pequeño templo metido entre las rocas que se accede por una escalera metálica, pero ya digo pequeño. Curioso el recorrer esta región, muy olvidada por el turismo, pero convencido que algún día dará que hablar. Por ahora lo hacen sus anacardos. La carretera que va a Thanjavur está llena de puestos ambulantes de éstos, recién tostados, están deliciosos.
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En el corazón de
No muy lejos de aquí, hay un curioso castillo, o más bien fortaleza. Está construida en una colina rodeada de piedras bastante esféricas. Y el tamaño de algunas rocas es espectacular. De hecho muchos locales sesteaban bajo la sombra de una de ellas. En la cima del recinto hay un cañón y las vistas de alrededor son exquisitas, palmerales sin límites por todas partes. Pero el tremendo calor no permite apenas recrearse, quizás al atardecer puede ser incluso un momento mágico. También tienen un pequeño templo metido entre las rocas que se accede por una escalera metálica, pero ya digo pequeño. 
