Un tsunami en primera persona PDF Imprimir E-mail
India
Escrito por Borja Luque   

El 24 de diciembre de 2004 llegaba a Trivandrum (Kerala), India, en el típico bus cutre indio con una paliza de kilómetros encima y asfixiado por el tremendo calor. Tenía ganas de llegar a la punta del enorme país como buen viajero, y Kanyakuman estaba sólo a unos 70 km.  Por otro lado, había recibido consejo de que para el día de noche buena era más agradable ir a Varkala, con algo más de infraestructuras y ambiente navideño.

Tuve esos 10 segundos de duda, renunciando finalmente a mi solitaria aventura al sur, las playas y chiringuitos de Varkala me esperaban para tomar esa cerveza nunca fría del todo. Esta aparentemente insulsa decisión cambió mi suerte como más tarde pude comprobar.

Efectivamente, era el 26 de diciembre, y tras el descanso entre los acantilados y las increíbles experiencias con los pescadores de Varkala, me animé a una travesía cerca de Kollam a bordo de un viejo vapor para unas 15 personas por los bonitos manglares conocidos como "Backwaters", que discurren paralelos a la costa. Amaneció un día precioso y zarpamos para disfrutar  navegando entre los preciosos bosques inundados y habitados por tribus “resistentes al agua”. Justo antes de parar en un dique construido en la orilla izquierda para comernos un bocadillo, yo mi amigo esloveno Goradz notamos una fuertes corrientes en la hasta entonces calma ría, que impedían el avance de la embarcación. Afortunadamente atracamos y desembarcamos para la paradita sin más problemas. Pero cuando estábamos disfrutando del almuerzo comenzamos a oír gritos y lamentos desesperados, me aproximé al dique y vi a unas mujeres desesperadas señalando al agua y echándose las manos a la cabeza.

Una tremenda corriente atravesaba el manglar inundando lo poco que quedaba de tierra. En la orilla contraria, algo más baja que el dique había pequeñas canoas llenándose de mujeres y niños que avanzaban hacia nuestro lado. Todos nos asustamos al observar que las pasarelas de madera de acceso a las embarcaciones, antes elevadas más de 1 metro sobre el agua desaparecían en el agua. Unos turistas grababan sorprendidos la velocidad con la que el agua subía por la pared del dique que nos protegia. Yo en medio del caos no sabía muy bien que hacer, así que lo primero fue ir a por mis objetos de valor (mis entonces negativos fotográficos) a la terraza superior del barco, allí vi como estaban desalojando a la única pareja que estaba dentro e hicieron lo mismo conmigo. El barquero me explicó que necesitaban los barcos vacíos para ir a la otra orilla a rescatar gente. En esos instantes de pánico todos nos preguntábamos que diablos estaba pasando, y el agua mientras seguía subiendo a tal ritmo que pensé que el único sitio donde podríamos resguardarnos sería una palmera.

Un hindú que venia en el barco de turista y que había hablado con sus familiares mediante un móvil me dijo que se trataba de un terremoto, pero allí nada temblaba, dos minutos más tarde dijo que era un enorme maremoto que había arrasado la costa este de India, y que avanzaba arrasándolo todo a su paso. Aquí tuve otros 10 segundos de pensamiento en lo importante que es que existan los helicópteros, Protección Civil, la Guardia Civil o los bomberos, pero que allí brillaban por su ausencia. El rescate proseguía mientras los turistas asustados se peleaban con los barqueros para recuperar sus pertenencias del barco y averiguar que ocurría.  Finalmente, el guía del barco nos indicó que la ría no era segura y  que había localizado unos autobuses en una aldea cercana, que debíamos seguirle inmediatamente hasta allí para salir por tierra.

 Nos montamos en un autobús y recuerdo que me sentó mal oír a algún imbécil reclamar el dinero del barco, mientras tanto el hindú del móvil hablaba de muchos muertos en la costa este, a 150 km de nosotros.

Llegamos a una ciudad llamada Fort Cochin, una pequeña isla cercana a la costa que fue un antiguo fuerte inglés,  y que estaba unida a tierra por un puente. Al cruzarlo  observamos que todo el pueblo estaba en el mismo, mirando la altura que tenía el mar y mostrándose muy agitados.

Ya en tierra descubrimos en una posada que se trataba de un tsunami que había matado a más de 20.000 personas, con olas de 30 ó 40 metros de altura. Aquella noche apenas durmió nadie ante la amenaza de replicas anunciada en los escasos medios de información disponibles, además dormíamos casi a ras de agua y cerca de la playa. A la mañana siguiente, se produjo una estampida de turistas que venían saliendo de Sri Lanka desesperados, (allí cayeron miles), y pasaron 2 días y medio hasta que Gorazd y yo pudimos encontrar transporte. Poco a poco fuimos descubriendo que se trataba de la mayor catástrofe humana de la historia, a los pocos días el recuento de víctimas rondaba los 300.000.

Me acordé mucho de la decisión de no bajar al sur del todo, y  unos amigos me contaron que las playas de Varkala donde estaba el día antes de la excursión habían sido alcanzadas, y que muchos pescadores habían muerto o desaparecido. Yo estuve con algunos de ellos ayudándoles la mañana del día antes del maremoto y me extrañó mucho que la pesca,  tirando desde la costa de unas redes kilométricas, fuese tan pobre. Después me dijeron que por lo visto los peces y otros animales habían salido pitando a buscar refugio antes del maremoto.

 

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